La concepción defensiva inerte del general Pedro Santana se impone a los aprestos ofensivos del general Juan Pablo Duarte
La desacertada decisión tomada por el general de división Pedro Santana de retirar sus tropas de la antes defendida villa de Azua, causó en la ciudad de Santo Domingo un temor generalizado en la población. Y al mismo tiempo, puso sobre el tapete la evidente falta de competencias militares del comandante en jefe de la fuerza expedicionaria del Sur. Empero, las taras del general en cuestión no fueron óbice para que el elemento conservador, incrustado en el Gobierno, mantuviera, por medio de malas artes, al general Santana, en el mando divisionario del Sud.
En este tenor (García 2016) afirmaba que:
Como es de inferirse, la inesperada e inoportuna retirada del ejército vencedor de Baní, causó una consternación general, y promovió en el seno de la junta discusiones que vinieron a demostrar lo inconveniente que había sido constituirla con elementos tan heterogéneos en ideas y propósitos. Habiendo reinado en ella unidad de pensamiento y de acción, la dificultad habría quedado cortada de raíz con el reemplazo del general Santana, a quien faltaba, a más de las aptitudes necesarias, la fe en el triunfo; pero como la división la iba contaminando al compás de las dificultades que se presentaban, y había interés en algunos de sus miembros en conservarle en un puesto en que les hacía falta para la realización de combinaciones futuras de que no estaba ajeno Juchereau de Saint Denis, y que manejaban Bobadilla y Caminero… (451). García, José Gabriel. Compendio de la historia de Santo Domingo T. I y II. Santo Domingo: Amigo del Hogar, 2016.
De acuerdo con lo externado por García, los sectores oligárquicos, de factura hatera colonialista, que dominaban la Junta Central Gubernativa, mantuvieron en el mando divisionario del Sur al general Santana el cual era uno de los suyos, un terrateniente hatero-maderero afrancesado; muy a pesar de sus falencias de índole militar.
A contracorriente del apoyo soterrado que recibía el general Santana de los afrancesados, que pululaban la Junta, los partidarios de la independencia pura y simple propusieron al general Juan Pablo Duarte para que sustituyera en el mando de la armada expedicionaria del Sur al general en cuestión. Pues, los nacionalistas veían en el abandono de la ciudad de Azua, un acto de traición a la Patria. Empero, se impuso la nociva noción de que en el ejército del Sur hubiera más de un general.
Decisión desacertada que vulneraba el principio de la unidad de mando, y que enfrentó frente a frente dos concepciones distintas de la conducción de la guerra: la concepción defensiva inmovilista del general Santana y la que se inclinaba en asumir la iniciativa y atacar a las tropas haitianas acantonadas en Azua propuesta por el general Duarte.
El 21 de marzo de 1844, recibió el general Juan Pablo Duarte la orden de parte de la Junta Central Gubernativa de marchar hacia Baní y compartir el mando del ejército del Sur con el jefe de esta fuerza, el general Santana.
Versando la misiva, que le transmitía, al general Duarte la orden de presentarse al área de operaciones del Sur, lo siguiente:
Compañero y amigo: Siendo de necesidad que en la armada espedicionaria del Sud, además del gefe espedicionario general Santana, haya otro oficial superior que pueda reemplazarle en caso de falta, y que le ayude á cooperar con él en la defensa de la patria, de la agresion que nos hacen los haitianos. V. usted se dispondrá á marchar inmediatamente para el cuartel general con la division que sale hoi bajo sus órdenes, y se pondrá de acuerdo con dicho general Santana para todas las medidas de seguridad y defensa…(García, Guerra de separación dominicana: documentos para su estudio 1994, 10). García, José Gabriel. Guerra de separación dominicana: documentos para su estudio. Santo Domingo: Alfa y Omega, 1994.
La designación de Juan Pablo Duarte como general adjunto al cuartel general del ejército expedicionario del Sur, sin antes destituir al general Santana, fue una jugarreta política falaz orquestada por Tomás Bobadilla, y su cáfila de afrancesados, para neutralizar al bando nacionalista distrayendo a su líder en una controversia improductiva con un general ignaro y antinacional el cual le debía el cargo a su prestigio social y a oscuras tratativas políticas.
Como hemos referido, el general Juan Pablo Duarte defendía con ímpetu adoptar el principio, de la guerra, de la ofensiva. Empero el general Pedro Santana temía asumir la iniciativa, a pesar de que se tenía noticias de la baja moral combativa de las divisiones haitianas atrincheradas en Azua.
Emilio Rodríguez Demorizi al referirse a la contradicción entre la defensiva inerte, defendida por el Santana; y la opción, de acuerdo al doctrinario militar, elegida por el general Duarte de aplicar el principio de la ofensiva, afirmaba que “…que precisamente, insistía Duarte en que se tomase la ofensiva contra los haitianos, lo que le valió la enemistad de Santana, cuya táctica militar era inquebrantable: evitar los riesgos de la ofensiva (Rodriguez Demorizi 1996, 107)”.
Rodriguez Demorizi, Emilio. Correspondencia cónsul de Francia en Santo Domingo 1844-1846 T. I. Santo Domingo: Amigo del Hogar, 1996.
El amilanamiento ofensivo que caracterizó el accionar militar del jefe del ejército expedicionario del Sur, es relatado por Duarte en una carta enviada a la Junta Central Gubernativa, el 1 de abril de 1844.
En esta misiva, el Patricio, aducía que:
Es la tercera vez que pido se me autorice para obrar solo con la división que, honrándome con nuestra confianza, el 21 del pasado, pusisteis bajo mi mando para que, en todo de acuerdo con el general Santana, tomara medidas de seguridad y defensa de la patria. – Hace ocho dias que llegamos á Baní, y en vano he solicitado del general Santana que formemos un plan de campaña para atacar al enemigo, que sigue en su depravación oprimiendo un pueblo hermano que se halla á dos pasos de nosotros. -La división que está bajo mi mando solo espera mis órdenes, como yo espero las vuestras, para marchar sobre el enemigo seguro de obtener un triunfo completo, pues se halla diezmado por el hambre y la deserción… (Duarte 1994, 10). Duarte, Juan Pablo. «Carta enviada por Duarte a la Junta Central Gubernativa 1 de abril de 1844» en Guerra de separación dominicana: documentos para su estudio, comp. José Gabriel García. Santo Domingo: Alfa y Omega, 1994.
El pedido insistente hecho por el patricio Juan Pablo Duarte de que se tomara la iniciativa en contra del desmoralizado ejército comandado por Hérard; iba a tono con la doctrina militar en boga en ese tiempo. Pues, el general Henri Antoine Barón de Jomini, teórico ortodoxo de guerra, afirmaba en lo referente al empleo en combate de la ofensiva y la defensa, que “…uno de los mayores talentos de un general es el de saber emplear sucesivamente estos dos sistemas, y sobre todo saber recobrar la iniciativa aun en medio de una lucha defensiva (Jomini 1840, 155)”.
Respecto a la guerra defensiva, Jomini nos documentaba que:
La guerra defensiva, como hemos dicho, tiene también sus ventajas, cuando se ha combinado con prudencia. Es de dos especies: la defensiva inerte o pasiva, y la defensiva activa con ataques ofensivos. La primera siempre es perniciosa; la segunda puede proporcionar grandes ventajas. Siendo el objeto de una guerra defensiva el cubrir cuanto más tiempo se pueda la porción de territorio amenazado por el enemigo, es evidente que todas las operaciones deben dirigirse a retardar sus progresos, y oponerse a sus empresas, multiplicando las dificultades de su marcha, sin desmembrar para ello su propio ejército. Un ejército no se reduce casi nunca a un estado puramente defensivo, sino a consecuencia de reveses o de una inferioridad positiva (Jomini 1840, 153) Jomini, Henri Antoine. Compendio del arte de la guerra o cuadro analítico de las principales combinaciones de la estrategia de la táctica sublime y de la política militar 1 parte. Madrid: D.M. de Burgos, 1840.
De acuerdo con lo expresado por el tratadista militar en cuestión, la concepción defensiva-inmovilista adoptada por el general Pedro Santana se encasillaba en la defensa inerte y pasiva. Pues, Santana temía atacar a un ejército que se desmoronaba, dejándole escapar ileso hacia territorio haitiano, prologando en el tiempo un conflicto que pudo saldarse en la misma primera campaña, con la destrucción de las tropas haitianas en su acantonamiento en Azua; o, en su defecto, durante su retirada hacía territorio haitiano.
La soldadesca haitiana que se retiró sin ser diezmada, en mayo de 1844; cruzaría nuevamente las fronteras, en el área de operaciones del Sur, como tropas veteranas, en las sucesivas compañas que conformaron la Guerra dominico-haitiana,1844-1856; todo esto: gracias a la impericia, el marasmo ofensivo y a la falta de golpe de vista del general Pedro Santana.
Emilio Rodríguez Demorizi en su artículo Tácticas y disciplinas militares de Santana afirmaba, a modo de justificación al general homónimo, que: todas “…las tácticas militares pueden ser buenas. Lo malo es no tener ninguna. Santana tenía la suya, desde 1844, cuando en oposición a Duarte se negaba a iniciar la ofensiva contra los haitianos (Rodríguez Demorizi 1944)”. Empero el negarse a combatir no es una táctica es simplemente un gesto de insubordinación que puede juzgarse en una corte militar como un acto de deshonor y cobardía. Rodríguez Demorizi, Emilio. «Táctica y Disciplina militares de Santana.» Revista Militar: centenario de la Independencia, 1944: 64-66.
La concepción defensivo inmovilista, o como nos dice Jomini: “la defensa inerte”, adoptada por Santana fue impuesta por este caudillo, mientras detentó el poder político, en el esfuerzo de guerra dominicano. Esta concepción errada de la guerra permeó las directrices de mando en los niveles de la guerra: estratégico, operativo y táctico. Posibilitando que la guerra se peleara en territorio dominicano, sufriendo los pobladores del Sur, las muertes, los secuestros, las rapiñas y otros atropellos cometidos por la soldadesca haitiana.
Incluso, la “defensa inerte” posibilitó la perdida de las Caobas, San Miguel de la Atalaya e Hincha, territorios dominicanos demarcados en el Tratado de Aranjuez de 1777. El entonces presidente Santana no mostró interés por recuperar Hincha, su tierra natal, y en donde su familia dejó grandes extensiones de terreno. Pues, para recuperar los territorios dominicanos ocupados debía pasar de la “defensa inerte”, con la que sentía cómodo, a la ofensiva, con la cual llevaría la guerra a territorio haitiano.
el 12 de enero de 1856, el presidente Pedro Santana le comunicaba al general José María Cabral, las siguientes disposiciones:
Me comunicó el General Cabral que había mandado nuevos espías para verificar de nuevo el estado de Caoba, Hincha y Bánica, para si dichos pueblos estaban en disposición de seguir la empresa; y a esta fecha nada me ha dicho sobre el particular, pues parece que los espía no han llegado. Pero, sin embargo, si después que llegaren le informaren a Uds. de cosa cierta, que no hay fuerzas superiores en ninguno de esos puntos, pueden emprender la marcha; pero con las mismas instrucciones que le había dado, es decir : un cuerpo de tropa para llamarles la atención a Bánica e impedir que auxilien a Hincha; otro, con el mismo objeto, para Caoba, y para impedir que auxilien a Hincha y mantener los reconcentrados en el pueblo mientras la de Hincha obra; porque no creo conveniente atacar los tres puntos a la vez, pues Uds. saben que en Caoba v Bánica hay piezas de artillería, y no debemos dar nunca lugar a que nuestras tropas sean nunca rechazadas, porque esto alienta al enemigo y desalienta a los nuestros; y después de estar triunfando debemos tener toda precaución para que los enemigos no triunfen sobre nosotros ni aun en una pequeña patrulla. Así es que después que Uds., impuestos de lo ya arriba dicho sobre dichos pueblos, pueden disponer su marcha: ya digo, en la misma forma indicada, sin movilizar todo el ejército, sólo aquel número que crean conveniente para llamar la atención a Bánica y a Caoba y la demás fuerza para ver si puede sorprender a Hincha; esto es, la de la parte de la Caoba siempre acompañada de algún número de caballería, e igualmente si les es posible para Hincha (Santana 1957, 338-339). Santana, Pedro. «Carta enviada por el presidente Santana al general Cabral, jefe de la frontera Sur» en Guerra dominico-haitiana: documentos para su estudio. comp. Emilio Rodríguez Demorizi. Ciudad Trujillo: Impresora Dominicana, 1957.
Del documento en cuestión, podemos colegir que la orden emanada por el Presidente Pedro Santana al general José María Cabral, a la sazón Jefe de la frontera y del puesto cantonal de San Juan, era el de organizar una razzia hacia Las Caobas, Hincha y Bánica. El objetivo militar era destruir estos pueblos, no ocuparlos y tampoco organizar una línea defensiva en torno a estos. Para ello, se embarca en planear el despliegue táctico de las unidades de manera confusa, cuando la planificación operativa y táctica es materia de los comandantes que están en el terreno.
Ordenaba distraer las tropas en insulsas maniobras de diversión, en Las Caobas, Hincha y Bánica, diluyendo el principio de la sorpresa. Puntualizando, que no debe usarse en el ataque a todo el ejército. Cuando el doctrinario militar en boga en esa época recomendaba un ataque sorpresivo y maniobrero, con todas las fuerzas disponibles, a estas guarniciones, una a una, sin darles tiempo a recibir refuerzos; debido a la coordinación eficaz de fuego y maniobra.
En conclusión, la concepción defensiva inmovilista selló de manera contundente su imposición sobre doctrinario de corte ofensivo defendido por Juan Pablo Duarte, cuando la Junta Central Gubernativa, le negó al patricio atacar con su división a las fuerzas haitianas acantonadas en Azua.
Ordenándole al Patricio replegarse con su Estado Mayor hacia la ciudad de Santo Domingo, en una comunicación, fechada el 4 de abril de 1844, la cual decía: “Compañero y amigo: Al recibo de ésta se pondrá Ud. en marcha, con sólo los oficiales de su estado mayor, para esta ciudad donde su presencia es necesaria, avisándoselo a General Santana (García, Guerra de separación Dominicana: documentos para su estudio 1994, 93)”. Sumiendo con esta orden el área de operaciones del Sur en un marasmo ofensivo que duraría hasta mediados de junio de 1844.
Y que amenazaba como espada de Damocles, la pervivencia del Estado-nación dominicano hasta que el grandioso triunfo logrado por las milicias cibaeñas en la Primera Batalla de Santiago, del sábado 30 de marzo de 1844, garantizó de manera contundente la viabilidad de la nueva República.
Autor: Juan Carlos Pérez M.A.
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