18 de abril de 2026

La segunda batalla por Azua, 5, 6 y 7 de abril de 1849

A inicios de 1849, el presidente haitiano Faustin Soulouque organizó una fuerza expedicionaria compuesta por 15,000 soldados curtidos, la mayoría, en los combates escenificados en las campañas anteriores. Planificando su Estado Mayor una expedición punitiva cuyo puño ofensivo centraría su eje de avance en el área de operaciones del Sur. Haciendo un uso eficiente de los principios: de masa, maniobra y unidad de mando; e integrando en sus fuerzas divisiones de infantería, escuadrones de caballería y brigadas de artillería de campaña.

No obstante, dichos planificadores, persistieron en dos taras estratégicas y operativas que anteriormente determinaron la derrota estrepitosa del esfuerzo ofensivo del presidente Riviere Hérard, en 1844. Estas chapuzas estratégicas y, en su defecto, operativas fueron: la extensión desmesurada de sus líneas terrestres de abastecimiento; y la falta de predominio naval en el área de operaciones del Sur. Superioridad naval imprescindible para suplir poder de fuego a las tropas de tierra y establecer una línea de suministros eficiente para abastecer su esfuerzo de guerra.

En definitiva, la falta de poderío naval propició, como veremos posteriormente, el fracaso de rodillo ofensivo haitiano el cual fue frenado en las estribaciones de El Número y tras el abandono de dicha posición, en el vado de Las Carreras.

El 5 de marzo de 1849, el puño ofensivo haitiano inició la tercera campaña de la Guerra dominico-haitiana arrollando con su poder de fuego las avanzadas dominicanas. Tomando el 19 de marzo, Las Matas de Farfán, cede del cuartel general del ejército del Sur, después de un cruento combate; y ocupando, el 20 de marzo, la ciudad de San Juan de la Maguana sin luchar. Sin embargo, el avance de la fuerza expedicionaria haitiana, fue retrasado por un motín protagonizado por el regimiento décimo de Mirebalais. Por ende, tan pronto fue sofocada dicha rebelión fue puesta nuevamente en marcha la maquinaria de guerra de Soulouque, la cual llegó a las inmediaciones de la ciudad de Azua, el miércoles santo, 4 de abril de 1849.

El 5 de abril, jueves santo, el presidente haitiano Soulouque proyectó contra las líneas dominicanas tres divisiones de ataque que golpearían de manera simultánea el flanco derecho, el centro y el flanco izquierdo dominicano. Para ello, distribuyó sus tropas de la siguiente manera: “…la columna del General Geffrard por el centro, por el camino de los Jovillos hacia Azua; las columnas del General C. Vincent Jean François y Louis Michel por el Suroeste para atacar el flanco izquierdo de las defensas dominicanas, los demás lo harían por el Norte (Matos 1981, 128)”’. Matos, Ramiro y José M. Soto. Las campañas militars de la independencia dominicanas 1844-1856. Santo Domingo: Edita Libros S.A., 1981.

Puesto en marcha el esfuerzo ofensivo haitiano, las tropas de avanzada, acantonadas en el río Jura, y encabezadas por los generales Mella y Alcántara, fueron obligadas a replegarse hacia las líneas dominicanas por el empuje incontenible de la columna del general Geffrard. Mientras que la división del norte, divididas en dos grupos de ataque, acometió contra: la compañía de Monte Grande, liderada por el teniente coronel Santiago Basora; y la Guardia Cívica de la Capital, comandada por el coronel Wenceslao Guerrero, obligando el repliegue de dichas unidades hacia las trincheras dominicanas.

Mientras que, en el flanco izquierdo dominicano, el coronel Juan Batista, comandante del batallón azuano, un santanista furibundo, de forma cobarde abandonó la posición de Arroyo Salado, acción de la que salió impune debido al carácter débil del presidente Jiménez. Repitiendo esa acción cobarde y antinacional, al abandonar la posición estratégica del camino de Los Conucos a la columna del general haitiano J.J. François. Determinando esta infidencia, quedara desguarnecido el flanco sur dominicano.

En lo referente a la traición del coronel Batista, el historiador José Gabriel García afirmaba que:

Batista salió y al siguiente día hizo contramarcha con asombro general, alegando que venía mucha tropa, y que no le parecía prudente sacrificar hombres inútilmente; y aunque el presidente Jiménez, irritado con tan extraño procedimiento, pretendió someterle a juicio, se pusieron en juego algunas influencias para estorbárselo, e inclinaron su ánimo a reiterarle la orden de marchar de nuevo a ocupar el puesto que se le había señalado. Así lo hizo al fin el descontento soldado por pura obediencia, pero fue abandonar Los Conucos a la aproximación del enemigo, y replegarse en desorden sobre la plaza, envolviendo en su retirada a las tropas de San Cristóbal que iban a darle auxilio (García, Compendio de la historia de Santo Domingo T. III y IV 2016, 37). García, José Gabriel. Compendio de la historia de Santo Domingo T. III y IV. Santo Domingo: Amigo del Hogar, 2016.

El día 6 de abril, viernes santo, las tropas dominicanas replegadas hacia los atrincheramientos en torno a la ciudad y en peligro de ser flanqueadas desde el Sur, debido a la retirada pérfida del coronel Batista, proyectaron una contraofensiva contra el flanco norte y el centro de las posiciones haitianas. En consecuencia, José Gabriel García nos documenta que:

…al amanecer del día 6 salieron a batirse al pie de las trincheras el teniente coronel Santiago Basora con las compañías de Monte Grande; el coronel Eusebio Pereira con un batallón de San Cristóbal; el capitán Matías de Vargas con parte del batallón azuano; el coronel Wenceslao Guerrero con la guardia cívica de la capital, y el batallón de Higuey, que hizo prodigios de valor y sufrió pérdidas de consideración, sin más estímulo que el del general Duvergé, que tanto luchó en el Barro por atajar una columna que quiso cortarles la retirada por ese lado; y el del general Alcántara, que como el primero acudía al lugar de más peligro… (García 2016, 39).

De acuerdo con lo expresado por García, el general Valentín Alcántara, a quienes los santanista catalogaban de traidor, se batía en los lugares de más peligro; mientras que los oficiales que seguían las directrices del caudillo del Prado, se negaban a combatir o, en su defecto, se insubordinaban, como fue el caso del coronel Juan Batista y el general Juan Contreras. Pues, “…el proceder violento del general Contreras, quien bajo pretexto de que el general Duvergé había variado la dirección de la artillería sin tomar previamente su consentimiento, desamparó la comandancia de armas y se subió en el Fuerte de Resolí a obrar de su cuenta y riesgo, sin acatar más órdenes que las que le convenía… (García, Compendio de la historia de Santo Domingo T. III y IV 2016, 37).

Este acto de indisciplina propició que los artilleros, acantonados en Resolí, desconociendo sobre la contra ofensiva lanzada por el general Duvergé abrieron fuego contra las tropas dominicanas posesionadas en La Cruz “…dando lugar a que muchos soldados cayeran víctimas de los cañones erróneamente disparados desde aquel bastión… (Balaguer 1974, 111)” barriendo a las tropas dominicanas que defendían dicha posición.

Balaguer, Joaquín. El centinela de la frontera. México: Fuentes Impresores, 1974.
Como resultado, de las acciones de zapa, de los oficiales antes mencionados, fue posible para el esfuerzo ofensivo haitiano la captura del fuerte de San José, donde había una pieza de artillería; y posteriormente la columna de J.J. François en conjunción con las columnas de Louis Michel y C. Vincent desalojaron a las unidades de retaguardia comandadas por el teniente coronel Emilio Parmentier, de la loma de Los Cacheos, amenazando de cerco a las tropas dominicanas.

La amenaza que se cernía sobre las tropas que defendían Azua, determinó que el general de división Antonio Duvergé, comandante del ejército del Sur, convocara un consejo de guerra para coordinar las directrices a seguirse, en torno al abandono o defensa férrea de la plaza, quedando en evidencia la perdida de la unidad de mando en las tropas defensoras.

En este tenor (García 2016) nos documenta que:

…tuvo el general Duvergé que apelar al recurso de consultar a los demás generales del ejército en junta solemne de guerra. divididos en pareceres como lo estaban en opiniones, ni aun en ella pudieron ponerse enteramente de acuerdo, pues mientras que Duvergé y Alcántara estaban por no abandonar la plaza todavía, Contreras opinaba por abrirse campo a fuego y sangre, Mella y Sosa por salvar el ejército en orden para vencer en otra parte, y Pérez y los demás por desistir de una defensa que ya no tenía objeto; de suerte que al apercibirse el día 7 la masa común del ejército de que se daba la plaza por perdida y se trataba de levantar el campo, lo hizo por su cuenta y riesgo sin esperar órdenes siquiera, cogiendo unos por el camino que conduce a Estebanía, y tomando otros la dirección del Maniel o sea San José de Ocoa (pág. 39).

Primó la opinión de que era factible la retirada, por lo tanto, el sábado 7 de abril de 1849, esta se realizó en forma desorganizada, ya que las milicias dominicanas huían de la ciudad disparando, incluso, contra los oficiales que intentaban detenerlos. Sin embargo, los soldados oriundos de la región Sur se quedaron en las inmediaciones de la ciudad de Azua y fueron reorganizados inmediatamente por el general de división Antonio Duvergé y otros oficiales, los cuales conformaron un nuevo cinturón de defensa que tenía como multiplicadores de poder las alturas de El Número, la loma de Portezuelo; y las trincheras construidas en el camino de Playa Grande, que comunicaba con Sabana Buey.

Para reforzar lo antes dicho, (García 2016) nos documenta que:

…la fortuna fue que ni los azuanos, en su mayor parte, ni los Neibanos,
barahoneses y demás habitantes de los pueblos del sur que se hallaban en azua cuando la derrota, no abandonaron por completo la localidad, sino que se quedaron diseminados por todos aquellos contornos, dando tiempo a que los generales Duvergé, Contreras y Sosa, los coroneles Domínguez y Martínez, y otros militares no menos patriotas, pudieran ir reuniendo los núcleos que debían permitir el establecimiento de un nuevo cordón defensivo que ocupara los puntos más estratégicos escalonados desde el mar hasta la cordillera, a fin de vigilar de cerca las operaciones del enemigo, el cual se limitó a tomar posesión de la plaza abandonada y a establecer en ella su cuartel general… (pág. 39).

El dispositivo defensivo emplazado por el general Antonio Duvergé entre Playa Grande y la Cordillera Central, estaba a tono, en el nivel operativo, con las posiciones defensivas instaladas por Duvergé en La primera campaña de 1844, tras el abandono de la ciudad de Azua por el general Santana.

En este ámbito de cosas José Gabriel García documenta que:

Por fortuna, la reorganización de una parte de las fuerzas desbandadas no se hizo esperar mucho tiempo de suerte que cuando el presidente Soulouque pensó en avanzar, ya el general Duvergé ocupaba El Número, el general Contreras estaba en Portezuelo, el general Santana en Sabanabuey, el general Bernardino Pérez en la Boca de la Palmita y el coronel Domínguez en Las Carreras (García, Partes oficiales de las operaciones militares realizadas durante la Guerra dominico-haitiana 1888, 21). García, José Gabriel. Partes oficiales de las operaciones militares realizadas durante la Guerra dominico-haitiana. Santo Domingo: Imprenta García y Hermanos, 1888.

En conclusión, las mezquinas apetencias políticas de la dupla caudillista Santana-Báez determinaron la derrota en Azua, en 1849. Pues, este revés le granjeó ambos líderes grandes dividendos políticos, mientras se resquebrajaba el gobierno del presidente Jimenes; fruto de la incertidumbre y el pavor que generó en la población dominicana, la derrota sufrida por el ejército del Sur.

Sin embargo, supremacía de la flotilla naval dominicana en las aguas de la Bahía de Ocoa, salvó al Estado-nación dominicano. Puesto que, cortó el suministro por mar a la victoriosa fuerza expedicionaria haitiana, acantonada en Azua. Dejándola a expensas de su, sobre extendida, línea de abastecimiento terrestre; o, en su defecto a vivir sobre el terreno, saqueando los predios que circunvalaban el estratégico enclave de Azua.

Cubriendo la flotilla dominicana, con el fuego de sus colisas, el expedito camino de La Playa que comunicaba Azua con la ciudad de Santo Domingo. Dejándole al esfuerzo ofensivo haitiano dos opciones: el trazar su eje de avance hacia los desfiladeros de El Número o Portezuelo o, en su defecto, la retirada hacia sus bases de suministros en la frontera.

Decidiéndose los planificadores haitianos por trazar su eje de avance por los desfiladeros de El Número, donde su ímpetu ofensivo fue frenado por el dispositivo defensivo diseñado por el general Antonio Duvergé, el 17 de abril de 1849.

Autor: Lic. Juan Carlos Pérez Montero M.A.

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