La batalla por el puente Duarte, 27 de abril 1965
A un año y casi siete meses del derrocamiento del presidente Juan Bosch, los oficiales agrupados en el movimiento Enriquillo pautaron un levantamiento militar para derrocar el Gobierno de facto, encabezado por Donald Reid Cabral. La fecha escogida para dicha asonada militar fue: el lunes 26 de abril de 1965. Empero, el apresamiento de cuatro de los líderes del Movimiento en el campamento Dieciséis de Agosto; determinó que a las 11:30 horas, del sábado 24 de abril, el capitán Mario Peña Taveras, y un grupo de oficiales rebeldes, apresaran al Jefe de Estado Mayor del Ejército, general Marcos Rivera Cuesta. Convirtiendo este golpe de mano, el campamento Dieciséis de Agosto en el núcleo de esta precipitada sublevación militar.
Horas después se sumarian, al alzamiento, el campamento Veintisiete de Febrero y el Seis y medio de Artillería. Una vez informados todos los oficiales afines a la rebelión, que se encontraban fuera de los enclaves militares insurreccionados, el capitán Peña Taveras llamó a José Francisco Peña Gómez, en momentos en que este líder político sacaba al aire el programa radial “Tribuna Democrática”. Aprovechando dicho dirigente político la ocasión para pedirle a las masas populares que apoyaran, en las calles, a los militares constitucionalistas.
Sin embargo, las multitudes que celebraban la vuelta a la constitucionalidad fueron prontamente reprimidas por destacamentos del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas, CEFA, y la Policía Nacional. Empero, el general Elías Wessin y Wessin, comandante del CEFA, no aprovechó la incertidumbre generada, en las primeras horas de la rebelión, para marchar con sus tropas mecanizadas, que ya tenía acuarteladas, hacia la Capital y ahogar el alzamiento militar en su cuna. Su falta de golpe de vista, y cobardía operativa, se volvió contra su poder omnímodo en las Fuerzas Armadas. Puesto que su preeminencia militar se cimentaba en el respaldo recibido del Gobierno de facto, al cual no fue capaz de defender.
En la madrugada, del domingo 25 de abril, las tropas constitucionalistas ocuparon la ciudad de Santo Domingo, sin resistencia. La Policía Nacional, muy activa el sábado 24, se declaró apolítica y trató de no inmiscuirse, por el momento, en la contienda. A las 11:00 horas, el Ministro de Interior y Policía, general Montás Guerrero, le anunció al liderazgo constitucionalista la renuncia del triunviro Donald Reid Cabral, y en este ínterin, la Guardia Presidencial se sumó a la rebelión entregando el Palacio Nacional, a los propugnadores de la vuelta a la constitucionalidad sin elecciones.
En la tarde de dicho día, se iniciaron las negociaciones entre los representantes del CEFA, la Fuerza Aérea, la Marina y Policía con los militares constitucionalistas. Los primeros propugnaban la creación de una Junta Militar; los segundos, defendían la vuelta del profesor Juan Bosch al poder, apoyados en concurrida manifestación popular. En consecuencia, el desacuerdo entre ambas facciones militares, determinó el inicio de la Guerra de Abril.
El lunes, 26 de abril de 1965, la Fuerza Aérea bombardeó el Palacio Nacional. Este hecho cerró de por sí, todo esfuerzo negociador, quedándole a las armas decidir el resultado de la contienda.
Es por ello, que los asesores militares estadounidenses que habían regresado de forma apresurada desde la Zona del canal de Panamá, coordinaron con el alto mando del CEFA, la Fuerza Aérea Dominicana y la Marina de Guerra Dominicana, un ataque a gran escala contra las posiciones constitucionalistas, emplazadas en la ciudad de Santo Domingo. Para ello, se planificó un raid aéreo masivo contra el Palacio Presidencial, Radio Santo Domingo y la parte occidental del puente Duarte; seguido por un nutrido bombardeo naval contra las posiciones antes mencionadas. Lo cual, seria coronado por el avance de la infantería motorizada del CEFA, apoyada por tanques, vehículos blindados y la aviación.
En este sentido, (Hermann 2013) aducía que:
A las tres de la madrugada el agregado naval, coronel Ralph Heywood informó al encargado de la Embajada de Estado Unidos William Connett que los militares contrarios a la constitucionalidad estaban planeando un ataque final contra los constitucionalistas que respaldaban al gobierno de Molina Ureña. Al amanecer debían realizarse un bombardeo masivo contra los puntos claves de la capital, el cual sería seguido por un avance de los blindados y la infantería de la Fuerza Aérea Dominicana y el CEFA (pág. 132). Hermann, Hamlet. Caamaño. Biografía de una época. Santo Domingo: Editora Búho, 2013.
Mientras que, desde el oeste avanzaría el batallón de élite Ramón M. Mella, acantonado en San Cristóbal, con el fin de atacar al esfuerzo de guerra constitucionalista desde la retaguardia.
Por lo visto, el plan trazado por los planificadores estadounidenses estaba a tono con la doctrina de armas combinadas, en boga en las fuerzas armadas estadounidenses. El cual, consistía en la coordinación, en el campo de batalla, entre la infantería, los blindados, la artillería y la aviación. convergiendo dichas armas en una sincronizada operación de fuego y maniobra.
En el papel, el plan de guerra era harto plausible, pues les dejaba a los constitucionalistas dos caminos: la rendición o la aniquilación. Sin embargo, la realidad cruda del campo de batalla, destruye todo lo ideado en la mesa de planificaciones. Todo lo trazado, en San Isidro no resistió el contacto de los blindados y la infantería del conjunto CEFA-San Isidro con los combatientes constitucionalistas. El escaso entrenamiento y la impericia de los mandos, le jugaron una trastada, a los poco avezados asesores militares norteamericanos.
El martes, 27 de abril, después de haber concluido la evacuación de los ciudadanos estadounidenses por el puerto de Haina, la Fuerza Aérea Dominicana inició el raid contra la ciudad de Santo Domingo.
Los aviones de la Diecinueve de Noviembre lanzaban bombas y ametrallaban el área del Palacio Presidencial, Radio Santo Domingo TV, Ciudad Nueva y la parte septentrional de la ciudad. Pero su blanco principal era la zona aledaña al Puente Duarte. Había que preparar el terreno para el avance de las tropas de Wessin. La Fuerza Aérea bombardeó durante hora y media, comenzando luego una serie de incursiones con fuego de ametralladoras. “Cientos de cadáveres se esparcían por el terreno…testigos de la gran destrucción provocada por la Fuerza Aérea y por los bombardeos de la Marina” (Gleijeses 2011, 386). Gleijeses, Piero. La esperanza desgarrada: la rebelión dominicana de 1965 y la invasión norteamericana. Santo Domingo: Editora Búho, 2011.
A las 13:00 horas, la infantería, los tanques y los vehículos blindados del conjunto CEFA-San Isidro, sortearon con relativa facilidad los obstáculos colocados en el puente Duarte entrando inmediatamente en combate con los militares constitucionalistas y una masa popular enardecida armada con cocteles molotov, cuchillos, machetes y las armas de fuego de los soldados constitucionalistas muertos en los bombardeos. Generándose un cruento combate urbano, en el cual, la infantería y los operadores de tanques del CEFA no estaban entrenados.
Por ello, el eje de avance de las tropas del Conjunto se trazó de forma paralela por las avenidas teniente Amado García Guerrero y París. Ocupando, la infantería del CEFA-San Isidro, la escuela República del Perú donde fueron asediados por los combatientes constitucionalistas. Empero, la falta de equipos de comunicación que ayudaran a coordinar el esfuerzo táctico de la infantería en interacción con los tanques y la aviación, fue aprovechada por los combatientes constitucionalistas, los cuales comenzaron a atacar dichas formaciones desde los flancos, neutralizando los tanques con bazucas y cocteles molotov y eliminando sistemáticamente a la infantería en combates cuerpo a cuerpo.
Los tanques de Wessin se atascaron en las estrechas calles entre el Puente Duarte y la Avenida Duarte. La falta de coordinación entre los tanques y la infantería y otros errores semejantes cometidos por los oficiales del CEFA agravaron la situación. La moral de los rebeldes se entonaba al paso de las horas. La resistencia dejaba de ser una ilusión: era real. Al mismo tiempo, la moral de San Isidro declinaba (Gleijeses 2011, 401).
Tras tres horas de fieros combates, la vanguardia de la columna mecanizada del conjunto CEFA-San Isidro, llegó a la calle José Martí, empero la pericia operativa del Illio Cappocci, instructor de los Hombres Ranas, ideó el dispositivo táctico con que los constitucionalistas frenaron y posteriormente derrotaron al esfuerzo de guerra leal.
En esta tesitura, (Ubiña Renville 2023) afirma que:
…el estratega Cappocci pudo darse cuenta de que los enemigos trataban de penetrar por tres frentes, por lo que distribuyó inteligentemente a los hombres y dio las órdenes de lugar…Lora Fernández enfrentó a la vanguardia; Caamaño aniquiló el grueso del cuerpo que estaba retrasado; Montes Arache rompió este cuerpo en dos partes; y Chestaro y su grupo hicieron su trabajo, exitosamente, a la orilla del río Ozama (pág. 49).
Ubiña Renville, Guaroa. Épica: resistencia patríotica en la zona norte durante la llamada «Operación limpieza». Santo Domingo: Impredom, S.R.L., 2023.
A las 18:00 horas, tras cuatro horas de cruentos combates, la infantería y los blindados del conjunto CEFA-San Isidro se replegaron hacia la parte oriental del puente Duarte, sin alcanzar sus objetivos. Tal como lo evidenciaba el general ® Ramiro Matos González al aducir que:
Los blindados adelantaron su velocidad de marcha, cruzaron el puente y sin esperar la llegada de la infantería continuaron hacia el segundo objetivo que era la Escuela Normal de la avenida Duarte. Al verse solo en su avance el comandante de los blindados optó por retroceder en busca de la infantería y cruzó el puente de nuevo hacia el este. (Matos González 2002, 168) Matos González, Ramiro. «La Batalla del Puente» en Guerra de Abril: inevitabilidad de la historia. Sócrates Suazo Ruiz comp. Santo Domingo: Editora de las Fuerzas Armadas, 2002.
Sin embargo, el batallón Mella que tenía como objetivo atacar a las fuerzas constitucionalistas desde el oeste, en su retaguardia, entró a la ciudad de Santo Domingo y posicionó sus tropas en las inmediaciones de La Feria, negándose sus oficiales, afines a la figura política de Joaquín Balaguer, a combatir junto a los wessinistas del CEFA-San Isidro, en contra del esfuerzo de guerra constitucionalista. Puesto que, el general Elías Wessin y Wessin era enemigo acérrimo del Dr. Joaquín Balaguer y de los oficiales del Clan de San Cristóbal, que dominaban dicha unidad militar.
…al oeste dentro de la ciudad, se encontraba el batallón Mella, de Montás Guerrero. Si hubiera llegado a la zona de combate, que estaba a pocos kilómetros, habría cogido a los rebeldes en un fuego cruzado y habría hecho imposible la resistencia. Pero Montás era balaguerista, y Wessin era el enemigo de Balaguer. Montás pertenecía al Grupo de San Cristóbal, reciente víctima de Wessin y Reid Cabral (Gleijeses 2011, 399-400).
En definitiva, la batalla por el puente Duarte, se saldó en una aplastante victoria para las tropas cívico militares que luchaban por la vuelta a la constitucionalidad sin elecciones. Ya que, las bajas del CEFA-San Isidro en hombres y material fueron cuantiosas. Se documenta que “…Ocho tanques quedaron fuera de combate por la acción pujante, valerosa, casi suicida de los hombres, mujeres y adolescentes, como el que acertó al primer tanque (Cassá 1991, 177-178)”.
Cassá, Roberto. Los doce años: contrarrevolución y desarrollismo T. I. Santo Domingo: Editora Búho, 1991.
Los combates que englobaron la zona de muerte que abarcada el puente y la avenida Duarte, dejaron un saldo aproximado a los quinientos muertos, entre soldados leales y combatientes constitucionalistas; empero la derrota sufrida por el Conjunto lastró la moral de sus oficiales y soldados. Tal como lo evidencia, el reporte hecho por el coronel Morillo López, el cual fue enviado, en la noche del martes 27 de abril, a las inmediaciones de la zona de combate, a comprobar el resultado de dicha batalla.
En esta tesitura, (Hermann 2013) documentaba que:
Dada la incredulidad de los mandos en San Isidro, se designó al subjefe del C.EF.A. coronel José Morillo López, para que fuera a la cabecera oriental del puente Duarte y rindiera un informe sobre la situación
existente allí. Cuando Morillo llegó solo encontró unos cuantos soldados del C.EF.A.; los demás habían desertado o se habían escondido para que no se pudiera ordenar su vuelta al frente. Los que encontró estaban cansados y atemorizados; la moral de combate no podía ser más baja (pág. 142).
Por consiguiente, el derrotismo no solo golpeó a los soldados y a los oficiales subalternos leales que habían luchado en las inmediaciones del puente Duarte. También afectó acerbamente al alto mando del conjunto C.EF.A.-San Isidro, los generales: Elías Wessin y Wessin y Juan de los Santos.
En esta tesitura (Gleijeses 2011) documenta una comunicación del embajador estadounidense Tapley Bennett a sus superiores en Washington, donde informaba que:
…en San Isidro “una severa prueba de nervios estaba en curso”. Los soldados de Wessin estaban cansados y asustados; muchos han desertado. En Santo Domingo, Caamaño y Montes Arache reorganizaban las fuerzas rebeldes; en San Isidro cundía el pánico. “No es un espectáculo alentador”, se quejaba Bennett. Wessin “no está mostrando mucha agresividad (…) Nuestros agregados militares consideraban que el resultado final está en duda (pág. 406).
En la tarde, del miércoles 28 de abril de 1965, a instancia del embajador Bennett y los asesores militares estadounidenses se instaló una Junta Militar, donde estaban representados los tres estamentos armados que englobaban las fuerzas leales. Siendo designados: el coronel Bartolomé Benoit, F.A.D., como presidente de la Junta, el coronel Enrique Saladin, como representante del Ejército; mientras que el capitán de navío Olgo Santana Carrasco, representaba a la Marina de Guerra.
La primera medida tomada por dicha Junta Militar fue pedir ayuda militar inmediata e ilimitada a las Estados Unidos. Sin embargo, la solicitud de ayuda militar fue en un principio desechada por el embajador Bennett. Empero, al cerciorarse de la gravedad de la situación militar que atravesaban las tropas leales, radió a Washington lo siguiente:
CRÍTICO, CRÍTICO, CRÍTICO. Lamento informar situación deteriorándose rápidamente. Los pilotos de San Isidro (…) están cansados y desanimados. (…) [El jefe de la policía] Despradel informa que no puede controlar la situación (…) Wessin (…) desanimado y diciendo que hacen falta más hombres. Rivera Caminero preocupado y sin animo. El jefe de nuestro Grupo de Asesoría Militar [MAAG] acaba de regresar de San Isidro (…) Encontró una atmosfera de miedo, cantidad de oficiales llorando. [El exjefe de la policía] Belisario Peguero también en estado histérico, urgiendo ‘retirada’. Benoit (…) solicita formalmente tropas de EE.UU. Le dijo al jefe del MAAG que si no reciben ayuda tendrán que abandonar la lucha (…) El country team es unánime que ha llegado el momento de desembarcar marines. (…) Si Washington desea, pueden desembarcar con el propósito de proteger la evacuación de los ciudadanos. Recomiendo el desembarco inmediato (Gleijeses 2011, 408-409).
El informe dado por Bennett determinó que en esa misma tarde el presidente usamericano, Lyndon B. Johnson, anunciara al pueblo estadounidense y a la comunidad internacional, la intervención militar a la República Dominicana. La cual, se materializó con el desembarco de más de quinientos infantes de marina, que aseguraron el perímetro de la Embajada de los EE.UU. y el Hotel Embajador. Este hecho fue ripostado por las huestes constitucionalistas con el asalto a la fortaleza Ozama, sede de la unidad antimotines Cascos Blancos, la cual fue tomada el viernes 30 de abril de 1965.
En la madrugada del sábado 1 de mayo, el Pentágono dio inicio a la “Operación Paquete de Poder”, la cual desembarcó, en la base aérea de San Isidro, a los paracaidistas de la 82ª. División Aerotransportada. Acción interventora que dio por terminada la fase dominicana de la Guerra de Abril y le dio inicio a la guerra patria contra la intervención militar estadounidense.
Autor: Lic. Juan Carlos Pérez Montero M.A.






