21 de abril de 2026

La Batalla de El Número, 17 de abril de 1849

Después de la derrota estrepitosa sufrida por las armas dominicanas en la segunda batalla por Azua (5, 6 y 7 de abril de 1849), la fuerza expedicionaria del presidente haitiano Faustino Soulouque fue detenida, durante diez días, en la estratégica villa y puerto de Azua, se presume, por las acciones navales de la flotilla dominicana. Puesto que, el sábado 7 de abril, la escuadra naval dominicana ahuyentó a los barcos de guerra haitianos e inició, ese mismo día, el bloqueo de la Bahía de Ocoa; cubriendo con sus colisas el vital Camino de la Playa, vía expedita que comunicaba Azua con Sabana Buey.

Cortando su línea de suministro naval y, en su defecto, alongando su ineficiente línea de abastecimiento terrestre, obligando a los cuasi quince mil soldados haitianos a vivir del terreno.

La acción llevada a cabo por la Marina de Guerra Dominicana, fue una especie de jaque mate, al esfuerzo de guerra haitiano. Puesto que, solo les dejaba a los planificadores militares haitianos, dos caminos: el retirarse hacia sus bases de suministros o huir hacia delante y afrontar el hambre, la sed y la derrota en las áridas estribaciones de El Número. Donde posteriormente fueron derrotados por el intrépido general Antonio Duvergé.

Como hemos afirmado el bloqueo llevado a cabo por la Marina de Guerra Dominicana del puerto de Tortuguero y el camino de Playa Grande con el fuego de sus cañones, propinó al ejército expedicionario haitiano una estrepitosa derrota operativa. Pues les privó, a las divisiones comandadas por el presidente Soulouque, de una segura línea de suministros marítima; dificultando al mismo tiempo el avance arrollador de sus tropas.

Una vez agotadas las provisiones de boca en la ciudad de Azua, la maquinaria de guerra haitiana se puso en marcha obviando el camino de Playa Grande, para evitar el fuego de las naves dominicanas. Enfilando sus vanguardias por las vías de aproximación intramontanas, que comunicaban Azua con El Maniel y las bases de operaciones dominicanas en Sabana Buey. Sin embargo, estas vías de aproximación estaban debidamente cubiertas por el dispositivo defensivo instalado por el general Duvergé en las eminencias que dominaban dichos desfiladeros. Utilizando las alturas y lo tortuoso del terreno como multiplicadores de poder.

En la Loma de Pontezuela fueron emboscadas las milicias al mando del general Juan Contreras; en los desfiladeros de El Número estaban apostados los tenientes coroneles Sosa, Cabral y el coronel Domínguez; y en Boca de la Palmita, estaban atrincheradas las huestes del general Bernardino Pérez.

A las 11:00 horas, del sábado 17 de abril de 1849, las avanzadas haitianas comandadas por el general Geffrard se aprestaron a remontar el desfiladero de El Número, donde estaba apostado el centro del dispositivo de defensa dominicano. En consecuencia, habiendo Soulouque “…intentado abrirse paso por los montes, una de sus columnas embistió las posiciones de El Número…Duvergé la rechazó con energía y les destrozó su vanguardia compuesta de los granaderos de Port-de-Paix, quienes dejaron muertos allí 50 hombres y su coronel (Llenas 2007, 223)”.

A la usanza del modo de guerra montero, la punta de lanza de las tropas de general Geffrard fue rápidamente diezmada por el fuego de fusilería, el bote de lanza y las cargas al machete de las milicias dominicanas. Empero, la ferocidad de la batalla determinó que las bajas dominicanas fueran considerables; como lo relata el general Duvergé en su parte de guerra enviado al cuartel general de Sabana Buey, donde externaba que: en “…este momento como a las once del día, hemos hecho replegar al enemigo que dejó en nuestros campos de batalla sus muertos que no pudieron cargar. La pérdida de los nuestros fue un poco considerable entre heridos y muertos (García 1888, 21)”.

García, José Gabriel. Partes oficiales de las operaciones militares realizadas durante la guerra dominico-haitiana. Santo Domingo: Imprenta de García y Hermanos, 1888.

Llenas, Alejandro. Apuntes históricos sobre Santo Domingo. Santo Domingo: Búho, 2007.

Una vez concluido el combate, el general Antonio Duvergé decidió tomar una licencia para descansar delegando la conducción de las operaciones en su auxiliar el general Pedro Santana, el cual posteriormente tomó la decisión de abandonar el dispositivo defensivo que abarcaba la loma de Pontezuela, El Número y Boca de la Palmita.

En este tenor, (García, Compendio de la historia de Santo Domingo T. III y IV 2016) argumentaba que:

…cuando entregando el mando de las fuerzas al coronel Francisco Domínguez, se dirigió al pueblo de Baní a reposar un poco de las fatigas que le impuso la pérdida de azua, declinando en el general santana, a la par que la dirección de las operaciones subsecuentes, la ocasión de recoger los laureles del último triunfo, proceder hijo más que del cansancio, desconocido por el infatigable soldado que desde 1844 venía siendo el alma de la guerra, del disgusto que le había causado la presencia de su futuro perseguidor en las filas del ejército, y la necesidad de tener que obrar de acuerdo con él en circunstancias en que la política los tenía completamente divididos. La falta de agua y la escasez de comida, obligaron al coronel Domínguez a levantar el campo de El Número, después de la ausencia de Duvergé, para establecerlo en orden de batalla en la margen izquierda del río de Ocoa, paso naturalmente defensable de Las Carreras; y sea que esta retirada envalentonara al enemigo, o que entrara en sus planes volver a tentar el vado… (pág. 43).

García, José Gabriel. Compendio de la historia de Santo Domingo T. III y IV. Santo Domingo: Amigo del Hogar, 2016.

En lo referente a la retirada de las milicias dominicanas de El Número y otras alturas de las montañas de Ocoa, José Gabriel García afirmaba que el coronel Francisco Domínguez, abandonó El Número por falta de provisiones de boca y municiones. Lo cual es poco concluyente debido a que el alto valor estratégico de las cumbres de El Número, Pontezuela y el paso de Boca de la Palmita, conminaba a las tropas dominicanas hacer el sacrificio que entramaba defender dichas posiciones.

Puesto que, se encontraban a pocos kilómetros de la base de operaciones de Sabana Buey, del río Ocoa; o en su defecto, podían ser abastecido por mar por medio de la flotilla dominicana, en Boca de la Palmita.

Otra versión que buscaba justificar la retirada de El Número es la externada por el biógrafo del general Pedro Santana, el Dr. José Ma. Morillas, quien aducía que: “…estos improvisados soldados sostuvieron con maravilloso esfuerzo la posición hasta el instante en que los invasores desesperanzados de poderla forzar intentaron flanquearla por la falda de la montaña (Morillas 1952)”.

Morillas, Dr. José Ma. «Pedro Santana» en Papeles del general Santana, Emilio Rodriguez Demorizi comp. Roma: Stab. Tipográfico G. Menaglia, 1952.

Primeramente, Morillas no menciona por cuál de los flancos estaban las milicias dominicanas amenazadas y; segundo, tampoco nos dice como reaccionaron las tropas apostadas en Pontezuela que reguardaban el flanco norte y las milicias acampadas en el flanco sur, en Boca de la Palmita. Las cuales defendían el atrincheramiento de El Número.

El mantener esta línea de defensa hubiera desbaratado, a expensas de un bajo costo en vidas y suministros, el esfuerzo ofensivo haitiano. El cual, se degastaba bajo en intenso sol, agobiado por la sed y el hambre, en las áridas estribaciones montañosas de Ocoa.

Sin embargo, la retirada del coronel Domínguez de El Número posibilitó que la agobiada fuerza expedicionaria Soulouque posicionara sus avanzadas en las estribaciones montañosas que dominaban el vado de La Carreras.

En conclusión, el triunfo obtenido por las huestes sureñas, al mando de Duvergé en los desfiladeros de El Número, frenó el rodillo ofensivo haitiano, causándole importantes pérdidas. Empero, “el genio militar de Santana” le cedió las eminencias de Ocoa al esfuerzo de guerra haitiano en pos de desteñir el triunfo militar logrado por el general Antonio Duvergé. Por ende, el entregar las elevaciones montañosas a un ejército hostil, más numeroso y mejor armado, fue una sandez operativa, que pudo haber degenerado en un desastre militar de grandes proporciones para el esfuerzo de guerra dominicano. No obstante, la marcada incapacidad operativa del alto mando haitiano, posibilitó, el triunfo obtenido por las armas dominicanas en el vado de Las Carreras.

Autor: Lic. Juan Carlos Pérez Montero M.A.

Puedes acceder al articulo original en ESTE LINK

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