16 de julio de 2026

La primera Batalla por Azua, 19 de marzo de 1844

La primera batalla por Azua acaecida el martes 19 de marzo de 1844, fue la primera victoria táctica de consideración que obtuvieron las armas dominicanas durante su larga conflagración con Haití. Empero, este esplendente triunfo del ejército del Sur, devino en derrota operativa, en el momento en que el general Pedro Santana, comandante de dicho ejército; ordenara el abandono de la estratégica posición militar de Azua, desplegándose hacia el poblado de Sabana Buey y posteriormente hacia la ciudad de Baní.

Temiéndole a un posible contraataque de las divisiones coaligadas del presidente Riviere Hérard y el general Souffrant. Empero, la ciudad y puerto de Azua era factible de ser defendida debido a la preeminencia de la flotilla naval dominicana, lo cual garantizaba la afluencia de refuerzos, artillería y suministros. Sin embargo, la cortedad de vista del general Pedro Santana no le entreveía que huía de un ejército haitiano minado por la impericia y la desmoralización.

Por consiguiente, el desastre operativo que trajo consigo el abandono de la estratégica posición de Azua fue subsanado por la flotilla naval dominicana, la cual bloqueó la bahía de Ocoa cortándole la ruta de abastecimiento naviero al esfuerzo ofensivo haitiano. Posibilitando, esta operación naval, la victoria obtenida por el coronel Antonio Duvergé en los desfiladeros de El Memiso y El Pinar, el 14 de abril. Coronando, su actuación en las cálidas aguas de Ocoa, con la destrucción de la flotilla haitiana en el combate de Tortuguero, acaecido el 15 de abril de 1844.

En definitiva, la victoria obtenida por las armas dominicanas, el sábado 30 de marzo de 1844, en los reductos de los fuertes: Dios, Patria y Libertad; en la ciudad de Santiago, garantizó la pervivencia del incipiente Estado-nación dominicano. Empero, el abandono de la villa de Azua, en la noche del 19 de marzo, trajo consigo temor y consternación en las clases populares y en los defensores del nacionalismo a ultranza. Borrándose con una orden desacertada, dada por Santana, una importante victoria táctica.

Ulterior a los sucesos independentistas del 27, 28 y 29 de febrero de 1844, el Congreso haitiano autorizó al presidente Riviere Hérard a reclutar un ejército de treinta mil soldados para ahogar en sangre el naciente Estado-nación dominicano. En consecuencia, el alto mando haitiano activó un teatro general de operaciones compuesto por: el área de operaciones del Norte y el área de operaciones del Sur.

A tono con lo antes expuesto, (Madiou 2024), afirmaba que:

El general Riviere Hérard había organizado tres columnas en el Ejército haitiano, que contaba con alrededor de treinta mil hombres. La primera, que mandaba el presidente en persona, pasaba por Las Caobas; la segunda, bajo las órdenes del general Souffrant, por Neyba, y ambas, teniendo como objetivo Azua, debían encontrarse allí para el ataque conjunto. La tercera, formada por tropas del Norte, contaba con alrededor de diez mil hombres, a cuyo frente estaba el general de división Louis Pierrot. Debía dirigirse a Santiago y Puerto Plata, en el departamento Norte o el Cibao (440-441). Madiou, Thomas. Historia de Haití T. VI 1821-1826 y T. VII 1843-1846. Santo Domingo: Editora Búho, 2024.

En el área de operaciones Norte, trazaría su eje de avance la división del Norte, comandada por el general haitiano Juan Luis Pierrot, la cual tenía como objetivos inmediatos la conquista de las ciudades de: Santiago de los Caballeros y Puerto Plata. Y como objetivo concluyente acometer contra la ciudad amurallada de Santo Domingo, en un ataque, en pinza, coordinado con las divisiones que avanzarían por el Sur.

En cambio, en el área de operaciones Sur, interactuarían dos divisiones: la división del centro, la más poderosa, dirigida por el presidente Riviere avanzaría por camino de Las Matas, teniendo como objetivo inmediato ocupar el villorrio de San Juan de la Maguana y llegar a marchas forzadas al extrarradio del poblado de Azua, donde se temía encontrar un conato de resistencia.

La division liderada por el general Souffrant, trazaría su eje de avance el camino de los lagos y tenía como objetivo inmediato ocupar la aldea de Neiba y llegar a la puerta oeste de Azua primero que el puño ofensivo Hérard, puesto que la división Souffrant tenía artillería de campaña. Por ende, ambas divisiones atacarían de manera coordinada el poblado de Azua para tomarlo en una fulgurante acción ofensiva.

Sin embargo, el plan ideado por los estrategas haitianos era defectuoso y estaba destinado al fracaso. Primeramente, el proyectar tres columnas que abarcaban un teatro general de operaciones segmentado por dos abruptos sistemas montañosos, dificultaba la unidad de mando, la comunicación y la coordinación entre las divisiones en campaña, como posteriormente lo veremos en el combate por Azua. Segundo, la postergación del arma naval, por parte de los estrategas haitianos; se tradujo en un alongamiento, por cientos de kilómetros, de su ineficiente línea de suministros; y la falta de apoyo de fuego aportado por una artillería embarcada.

En cambio, los dominicanos utilizaron eficientemente su flotilla artillada, tal como lo evidencia la afluencia de suministros a Azua, el bloqueo naval de la bahía de Ocoa, y la victoria obtenida en Tortuguero, el 15 de abril de 1844.

De vuelta a la secuencia histórica, el domingo 10 de marzo de 1844, el presidente Charles Hérard inicio la expedición punitiva en contra del naciente Estado-nación dominicano. Activando un teatro general de operaciones que abarcaba toda la parte Este de la isla de Santo Domingo.

En este tenor (Madiou 2024), aducía que:

Riviere Hérard, presidente de la República, salió de Puerto Príncipe el 10 de marzo a las seis de la mañana. Se detuvo para pasar revista a las tropas en Croix-des-Bouquets, desde donde ambas columnas, la primera y la segunda, se pusieron en marcha hacia el este; el presidente en dirección a Las Caobas y el general Souffrant a Neyba (441).

La columna liderada por el general Souffront se adentró en territorio dominicano, en la tarde del día 10 de marzo. Por consiguiente, el 11 de marzo, su vanguardia, compuesta por tropas de la gendarmería haitiana, comandada por el coronel Auguste Brouard, fueron emboscadas en La Fuente del Rodeo a las afueras de Neiba, por doscientos patriotas dominicanos dirigidos por Fernando Tavera y sus lugartenientes Vicente Noble y Dionicio Reyes. Siendo las fuerzas haitianas derrotadas por el esfuerzo nacionalista.

En este sentido el oficial haitiano Dorveles Dorval, integrante de la columna Souffrant aducía que:

El 11, al alba, una columna de alrededor de doscientos hombres, caballería e infantería, armados con fusiles, lanzas y espadas, tomó posición y atacó nuestra avanzada al grito de “¡Viva la República Dominicana! Dios, Patria y Libertad” se trabó una refriega, y Fernando Tavera, ayudante del alcalde de Neiba, después de un atentado contra Brouard, fue el mismo herido de muerte…y Brouard, confiando poco en su posición, y temiendo a justo título el capricho de la fortuna replegó su pequeña fuerza sobre Neiba (Dorval 1957, 380)

Dorval, Dorveles. «Campaña del Este en 1844» en Guerra Dominico-Haitiana, Emilio Rodríguez Demorizi comp. Ciudad Trujillo: Impresora Dominicana, 1957.

En lo concerniente al capitán Fernando Tavera este sobrevivió a sus heridas y posteriormente se sumó al esfuerzo de guerra patriótico.

El 13 de marzo, los regimientos 20 y 21, de la división Souffrant, desalojaron a las milicias comandadas por Vicente Nobles de la fuente de Las Marías.

El 18 de marzo, las avanzadas de la división Souffrant hicieron contacto en las Hicoteas con un destacamento de tropas dominicanas liderada por los coroneles Manuel Mora y Manuel de Regla Mota. Viéndose obligadas las tropas dominicanas a replegarse hacia la ciudad de Azua, donde se estructuraba el dispositivo de defensa por parte del coronel Antonio Duvergé y Francisco Soñé.

Mientras que la división del centro, mandada por el presidente Hérard trazaba su eje de avance por el camino de San Juan marchaba sin encontrar grandes obstáculos, pues, ocupó Las Matas de Farfán sin complicaciones y sus vanguardias desalojaron, el 16 de marzo, el destacamento de avanzada liderado por el teniente Luis Álvarez. Posteriormente, el 18 de marzo a las 17:00 horas, la punta de lanza de la columna Hérard tuvo un intercambio de fuego en las orillas de Río Jura con una partida de exploración capitaneada por Lucas Díaz. Quien se replegó hacia la línea de defensa dominicana, instalada al oeste de la ciudad de Azua.

En la alborada del martes 19 de marzo, el general Thomas Héctor jefe de la vanguardia de la división Hérard organizó el ataque a las posiciones dominicanas, estructurando el esfuerzo ofensivo haitiano, con un escuadrón de dragones de la Guardia Presidencial como avanzada, los granaderos y cazadores de la Guardia Presidencial como ala izquierda y los regimientos 9º y 19º en el ala derecha.

El primer ataque, fue efectuado por el escuadrón de dragones de la Guardia Presidencial, dirigido en persona por Héctor, el cual avanzó en columna cerrada, y a paso de carga, por el camino de San Juan; siendo frenado por la metralla del cañón de 12 libras que defendía el centro de la línea de defensa. El coronel Therlonge, segundo al mando del escuadrón abrió las líneas, pero, fue diezmado por el fuego de la fusilería emboscada a ambos lados del camino. Determinando, esta acción defensiva a que este escuadrón se retirara en desorden del campo de batalla.

En esta tesitura (Balaguer 1974) afirmaba que:

Las tropas que marchan por el camino de San Juan son saludadas por el fuego de los cañones emplazados estratégicamente por Francisco Soñé y el teniente José del Carmen García; las que intentan abrirse paso por las breñas del camino de Los Conucos, retroceden ante las descargas de la fusilería dirigida con denuedo por Matías de Vargas… (38). Balaguer, Joaquín. El centinela de la frontera: vida y hazañas de Antonio Duvergé. México: Fuentes Impresores, 1974.

En el segundo esfuerzo ofensivo, el general Thomas Héctor les ordenó a los regimientos 9º y 19º realizar un ataque de flanqueó por la derecha contra la pieza de artillería y los fusileros que la defendían. El ataque de ambos regimientos desaloja a los tiradores emboscados, empero choca de frente con el flanco izquierdo dominicano que los recibió con fuego de metralla, por parte de una pieza artillera de bajo calibre; y una nutrida descarga de fusilería proveniente de los milicianos dirigidos por Matías de Vargas y José Leger.

Perdiendo ambos regimientos, a sus respectivos comandantes: el coronel Vincent del 9º y el coronel Jean Gilles del 19º; debido a que tuvieron que dirigir sus unidades en primera línea fruto de la incapacidad demostrada por los mandos medios en batalla y la proclividad del soldado haitiano a huir en desbandada al sufrir el primer revés.

En el tercero y último ataque fueron proyectados los regimientos 2º y 6º en una especie de ataque envolvente que buscaba atacar por la derecha el flanco, o en su defecto, la retaguardia a las posiciones dominicanas, para trastocar el dispositivo de defensa dominicano. Sin embargo, tan pronto los regimientos 2º y 6º se aproximaron al camino del Barro, fueron recibidos por un nutrido fuego de fusilería por parte de los milicianos parapetados en el Fuerte Resolí.

Descargas de fusilería, que no frenaron el ímpetu ofensivo haitiano, los cuales estaban luchando con bravura y amenazaban con romper el flanco derecho dominicano. Lo que obligó a que el jefe de la línea de defensa el coronel Antonio Duvergé se presentara al combate y encabezara la primera carga al machete de la Guerra dominico-haitiana. La cual causó terror en los regimientos antes mencionados los cuales se retiraron del campo de batalla en desbandada.

En esta tesitura (Matos 1981), argumentaba que:

…el ala izquierda compuesta por el segundo y sexto regimientos que avanzaba por el camino de El Barro tratando de hacer un movimiento envolvente tropieza con los azuanos de Duvergé, quienes, apoyados por los fusileros de Nicolás Mañón apostados en el Fuerte Resolí, irrumpieron en un heroico asalto a machetes, que sembró el terror y la muerte en esta ala de Hérard que se retiró presa del pánico y la mortandad que ocasionan las armas blancas… (32-33). Matos, Ramiro y José M. Soto. Las campañas militares de la independencia 1844-1856. Santo Domingo: Edita-Libros, 1981.

Este tercer combate escalonado dio por terminada una batalla que duró tres horas y saco en evidencia la baja moral y la poca cualificación de los mandos y los soldados haitianos. Empero, estas falencias debieron ser explotadas por un efectivo ataque del escuadrón de caballería, que capitaneaba Buenaventura Báez, la cual presumiblemente hubiera desmoronado la desvencijada división Hérard, que contaba con ocho mil hombres, que era pasto de las deserciones y la desmoralización. Empero, el comandante del ejército del Sur, el general Pedro Santana, se negó terminantemente a proyectar la caballería contra las derrotadas huestes haitianas.

La visión miope del general Pedro Santana trajo consigo la incertidumbre en la plana mayor, pues se cernía sobre sus cabezas la llegada de la columna Souffrant que venía a reforzar a la desmoralizada división Hérard. Por tanto, se tomó la decisión de abandonar lo antes defendido a una patulea haitiana numerosa y con una línea de suministros alargada y frecuentemente atacada por las guerrillas de Juan de los Santos y otras partidas patriotas.

En conclusión, la victoria táctica, esplendida, obtenida por las armas dominicanas el martes 19 de marzo de 1844, fue trocada en derrota operativa, cuando el general Pedro Santana, comandante del ejército del Sur, decidió la retirada de sus tropas de la antes defendida villa de Azua, abandonando en su huida municiones, provisiones de boca y la artillería, alejándose 16 leguas del campo de batalla. Y sumiendo al ejército del Sur, en el poblado de Sabana Buey, en un inmovilismo ofensivo que trajo consigo conmoción y pavor en la Junta Central Gubernativa y en la población de Santo Domingo.

Siendo, posteriormente, garantizada la pervivencia del Estado-nación dominicano, con el resonante triunfo obtenido por el ejército del Norte, en la memorable primera batalla por Santiago, acaecida el 30 de marzo de 1844.

Autor: Lic. Juan Carlos Pérez Montero M.A.

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