31 de mayo de 2026

El golpe de Estado independentista del 27 y 28 de febrero de 1844

En plena clandestinidad, el comité revolucionario trinitario (conformado por Francisco del R. Sánchez, Ramón M. Mella, Vicente Celestino Duarte, José Joaquín Puello y Manuel Jimenes) en alianza con un sector de la burguesía conservadora, encabezado por Tomás Bobadilla y José M. Caminero, decidieron aprovechar, a finales de febrero de 1844, las condiciones subjetivas, condicionadas por las labores de concientización y propaganda encarnadas en la Manifestación del 16 de Enero; y las condiciones objetivas: sintetizadas en la crisis política que agobiaba la República de Haití, agudizada por el gobierno despótico e incompetente de Riviere Hérard; y la vuelta a la ciudad de Santo Domingo de los regimientos dominicanos 31 y 32; pautando un golpe de Estado de corte independentista para el 27 de febrero de 1844.

Para ello, dicho comité revolucionario trinitario emplearía la ascendencia que tenían los hermanos Puello, entre la gente de color y los oficiales y soldados de los regimientos 31 y 32; el aporte pecuniario y la ascendencia política-social que tenía la burguesía oligárquica encabezada por el dúo Bobadilla-Caminero.

Por consiguiente, avanzada las diez de la noche del martes del 27 de febrero, un grupo de jóvenes nacionalistas se aglutinaron frente a la Puerta de la Misericordia. Marchando, entrada las once de la noche, después del trabucazo inspirador de Mella, hacia el baluarte de El Conde; el cual fue entregado, sin realizarse un disparo, por el teniente Martín Girón, quien había sido integrado a la conjura por Manuel Jimenes. Proclamándose en este recinto amurallado (con el lema Dios, Patria y Libertad) el nacimiento del Estado-nación dominicano.

Posteriormente, el coronel Joaquín Puello, despachó una cuadrilla al mando de Juan Alejandro Acosta y Eusebio Puello, la cual ocupó la Puerta de don Diego, la capitanía del Puerto, La Aduana y la barca que comunicaba la ciudad de Santo Domingo con la margen oriental del río Ozama. encorralando a las autoridades haitianas, y sus escasos defensores en el reducto de la Fuerza, hoy fortaleza Ozama.

Constituyéndose, finalizada la madrugada del 28 de febrero, el comité revolucionario trinitario en la primera Junta Central Gubernativa, la cual entabló con los emisarios del gobernador haitiano, general Henri Etienne Desgrotte, las negociaciones que culminaron en la capitulación de las autoridades haitianas y su posterior salida de la ciudad de Santo Domingo. Sin obviar, la participación del flamante cónsul francés Juchereau de Saint Denys, como mediador entre las partes, durante dichas negociaciones, estipulándose la entrega de la Fuerza y el arsenal en la mañana del 29 de febrero de 1844.

Sin embargo, una vez embarcadas las autoridades haitianas, el presidente de la Junta Central Gubernativa, Francisco del Rosario Sánchez, incurrió en una decisión desatinada al entregar la presidencia, de dicho gobierno, al representante de la oligarquía conservadora Tomás Bobadilla. El cual, fue desmontando paulatinamente la influencia del liderazgo trinitario, en dicha junta de Gobierno. Garantizando el predominio del sector colonialista afrancesado, lo que facilitaba las negociaciones que llevaban dichos oligarcas con el cónsul francés Saint Denys en lo referente a la entrega de la, recién conquistada, soberanía nacional al reino de Francia. Y al mismo tiempo, designando comandante del ejército expedicionario del Sur, al afrancesado e ineficiente general Pedro Santana.

El antecedente más significativo del esfuerzo independentista febrerista lo encontramos en la revolución, también incruenta, del 21 de diciembre de 1821, organizada por el criollo José Núñez de Cáceres. El cual, apresó al gobernador hispano Pascual Real y proclamó el nacimiento de un Estado-nación denominado Haití Español. Procurando la incorporación del mismo, al proyecto bolivariano de La Gran Colombia. Empero, el carácter exclusivista del nuevo Estado, cimentando en los prejuicios de clases heredados del sistema colonialista, el cual estaba estructurado en la: discriminación a negros y mulatos libres; y en el mantenimiento institucional de la esclavitud.

Siendo rechazada la ascendencia elitista del nuevo Estado, por la mayoría de la población de la parte Este, en su mayoría gentes de color. Lo que propició, que dicho proceso independentista, durara dos meses y nueve días. Pues, la impopularidad del mismo fue aprovechada por el dictador haitiano Jean Pierre Boyer, quien invadió Santo Domingo español, el 9 de febrero de 1822, dando por terminado el ensayo independentista llevado a cabo por los criollos dominicanos.

De acuerdo con lo antes externado, (Cordero Michel 2015) aducía que:

…en 1822 amplios sectores dominicanos no aceptaron a José Núñez de Cáceres, ni a su Estado independiente, y prefirieron integrarse a la República de Haití; por qué otros sectores deseaban independizarse bajo la protección de la República de la Gran Colombia, pero manteniendo la esclavitud del negro y la discriminación social y jurídica de los mulatos, que constituían la mayoría de la población; por qué, en fin, otros sectores querían mantenerse en el regazo de la madre patria, de España, de espaldas al deseo de la inmensa mayoría del pueblo dominicano. (pág. 297)

Sin embargo, en la preparación del segundo momento independentista el patricio Juan P. Duarte, subsanó los errores cometidos por José Núñez de Cáceres y la burguesía criolla que buscaba conservar sus prerrogativas de clase en detrimento de la inmensa mayoría del pueblo dominicano. Por ende, Duarte (representante de la pequeña burguesía comercial y tabaquera) atisbó que la única manera de constituir un Estado-nación viable en la parte española de la Isla, era garantizando prerrogativas sociales a negros y mulatos e integrar, en menor medida, a la rancia burguesía conservadora, en el nuevo proyecto de nación.

Es por ello, que después del derrocamiento de Boyer, 18 de marzo 1843, por la alianza entre los reformistas haitianos y los trinitarios liderados por Duarte; se discutió en uno de los conciliábulos de la clandestina sociedad patriótica La Trinitaria, la inclusión de los hermanos Puello, los cuales tenían influencias entre las tropas y la gente de color.

Ciertamente, hasta en el propio conglomerado de La Trinitaria se presentó la lucha ideológica, Duarte encabezaba el vital principio de unidad de las razas. De acuerdo a la tradición el patricio debió empeñarse con energía, pues algunos llegaron hasta cuestionar la presencia de Sánchez en el movimiento por su color negro (Castro Ventura 2021, 108).

Por ende, le cupo el honor a José Díez, tío de Duarte, de comprometer a José J. Puello al movimiento independentista, tal como lo aduce (Rodríguez Demorizi 1947) al relatar la respuesta dada por Puello, al emisario del ente trinitario:

…el capitán Joaquín le contestó siendo así como Vd. dice nada es más justo, y no teniendo nosotros ningún compromiso con el Gobierno legalmente constituido, nos han dado nuestro retiro, cuenten Vds. con nuestra cooperación, le demostró Dn. José Dieses, lo satisfecho que quedaba de hacer conseguido lo que deseaba y dijo, pues bien, a la noche a las ocho se verá Vd. Poner minuciosamente de todos los pormenores, discutirán y quedarán de acuerdo (Pág. 13-14).

Sin embargo, el triunfo obtenido por los duartistas en las elecciones para representantes en 1843, alarmó al delegado haitiano Auguste Brouard, el cual pidió encarecidamente la intervención militar. Por consiguiente, la razzia represiva llevada a cabo por el general reformista Charles Hérard, frustró los preparativos de un golpe de mano independentista orquestado por Duarte y sus seguidores, que trataban de adelantarse a la llegada de Hérard y sus tropas.

En esta tesitura, (Cassá 2016) afirmaba que:

Tras resolver los preocupantes asomos de disidencia en Cap Haïtien, Hérard no tardó en dirigirse hacia la antigua parte española por el norte, al frente de unos diez mil soldados. El delegado gubernamental en Santo Domingo no estaba desorientado, pues, en efecto, en el círculo de camaradas de Duarte se barajó la propuesta de precipitar los acontecimientos para operar la ruptura con Haití antes de que Hérard traspasase la antigua frontera. Se destinó a Mella al Cibao para tales fines y a otros activistas a localidades cercanas. Fue en estas gestiones cuando Mella resultó apresado en Cotuí (pág. 133).

La expedición punitiva encabezada por el presidente Hérard, se saldó con centenares de apresados y la orden de marchar a Puerto Príncipe de los regimientos 31 y 32 conformados por soldados y oficiales dominicanos, afines al ideario de la pura y simple. Siendo exilados Duarte, Pérez y Pina los trinitarios más intransigentes con el principio independentista. Quedando como líder del esfuerzo trinitario, Francisco del Rosario Sánchez. Quien dirigió el esfuerzo independentista desde la clandestinidad, empero no tenía el ímpetu nacionalista que adornaba a su líder Juan P. Duarte. Puesto que, posteriormente asistiremos a la entrega que hizo de la presidencia de la Junta Central Gubernativa a Tomás Bobadilla, cabecilla de la oligarquía reaccionaria y colonialista.

Ulterior a la fallida rebelión negrófila, del 9 de septiembre 1843, encabezada por el coronel Dalzon contra el gobierno de Hérard; los afrancesados liderados por Buenaventura Báez, comenzaron las tratativas con el cónsul de Francia en Puerto Príncipe, Levasseur, con el cual sellaron los términos en los que descansaría la separación, de los departamentos Ozama y Cibao, de la República de Haití. Y, posteriormente, la realización del protectorado con el reino de Francia. Para ello, se abocaron en lograr dos objetivos inmediatos: el primero, la designación en Santo Domingo, del cónsul francés Juchereau de Saint Denys, quien estaba destinado a la ciudad de Cabo de Haitiano; y, segundo, la repatriación de los regimientos 31 y 32 a Santo Domingo, lo que tuvieron una participación destacada en sofocación de la rebelión de Dalzon.

Como Mr. Juchereau de Saint Denis, que acababa de ser nombrado cónsul de Cape Haytien, población que había sido completamente destruida por el terremoto de 1842, esperaba en Port-au- Prince a que hubiera una casa habitable que poder elegir para su residencia, se le ocurrió a uno de ellos que la presencia de un cónsul francés en Santo Domingo favorecería en gran manera el desarrollo de la nueva trama. aceptada la idea como muy feliz, no tuvo reparo Levasseur en solicitar el exequátur correspondiente, que le fue expedido inmediatamente por el gobierno, que no paró mientes siquiera en el objeto que pudiera dictar la inesperada solicitud. este primer triunfo los envalentonó para perseguir otros activamente; de donde resultó, que tan pronto como el general Charles Hérard Ainé juró la presidencia el 4 de enero de 1844, y la Asamblea Constituyente disolvió sus sesiones, pusieron en juego todas sus influencias para que así como se le había permitido a los presos políticos de la parte española que fueron puestos en libertad, regresar sin tropiezos a sus hogares, se alzara también el confinamiento de los regimientos 31 y 32, y se restituyeran a sus cuarteles los regimientos haitianos que estaban de servicio en la plaza de santo domingo (García 2016, 433).

Ambos objetivos, fueron logrados por los diputados afrancesados liderados por Buenaventura Báez, por ende, el próximo paso de la hueste afrancesada fue designar para el 25 de abril, la fecha para iniciar la revolución que expulsaría a los ocupantes haitianos de Santo Domingo. Empero, esta información fue filtrada por el diputado afrancesado Manuel M. Valencia, llegando a oídos del liderazgo trinitario. Propiciando, que se adelantaran los preparativos del golpe de Estado independentista para el 27 de febrero 1844.

Este tenor, (Cassá 2016), afirma que:

Los aprestos para un golpe por cuenta exclusiva de los duartistas fueron resultado, según narra José María Serra, de que, en fecha indeterminada, Manuel María Valencia, uno de los diputados afrancesados, transmitió al banilejo José Heredia que Báez y los suyos planeaban derrocar el dominio haitiano conforme al Plan Levasseur el 25 de abril de 1844. Serra recibió la información de parte de Heredia en diciembre y con prontitud puso al corriente a Sánchez, en esos días oculto en la morada de los hermanos Tomás y Jacinto de la Concha. Estos tres procedieron a reunirse con Mella y los hermanos Joaquín y Gabino Puello, y tomaron la decisión de adelantarse el 27 de febrero (pág.,170).

Propiciando esta infidencia, a que el liderazgo trinitario constituyera raudamente un comité revolucionario integrado por Francisco R. Sánchez, Matías R. Mella, Vicente C. Duarte, Manuel Jimenes y José J. Puello. Empero, debido al fracaso de la expedición de Guayacanes, del 9 de diciembre de 1843, que encabezaría el patricio Juan P. Duarte, la cual traería armas y suministros; se hizo necesario incluir en la conspiración al elemento conservador personificado en Tomás Bobadilla, quien, debido a sus influencias en la burguesía citadina y rural, facilitaría el apoyo pecuniario para la Revolución.

Una vez coordinada la agenda independentista, se propuso el comité revolucionario redactar un documento denominado Manifiesto del 16 de Enero de 1844. Un memorial de agravios, donde se acotaba la firme decisión de lograr la independencia de la parte Este y el mantenimiento de la abolición de la esclavitud, garantizando, al mismo tiempo, la igualdad entre todos los ciudadanos del Estado en gestación. Sin embargo, debido a la influencia ejercida por la burguesía conservadora, este documento, defiende a ultranza los intereses económicos del estamento en cuestión.

Avanzada las diez de la noche, del martes, 27 de febrero de 1844 las huestes patriotas se reunieron en la Puerta de la Misericordia, en el extremo sur de la muralla occidental de la ciudad de Santo Domingo. Empero, al caldear la indecisión y la deserción paulatina entre los complotados, el prócer Ramón Matías Mella disparó el trabucazo inspirador.

A las once de la noche, los patriotas marcharon hacia el baluarte de El Conde, el cual fue entregado al esfuerzo independentista por el teniente Martín Girón. Procediendo José J. Puello, y otros líderes independentistas, preparar dicho fuerte contra un eventual ataque proveniente de la Fuerza. Ordenando, al mismo tiempo, tomar la puerta de la Atarazana el puesto de Aduanas, acorralando a las tropas haitianas en dicho Fuerte. Por ende, una patrulla de reconocimiento, encabezada por el coronel Deo Hérard, fue tiroteada por los defensores del bastión de El Conde, mera acción de armas, que confirmó las aprehensiones del comandante de la plaza de Santo Domingo, el general de división Henry E. Desgrotte, ya que solo le quedaba abierto el camino de la capitulación.

Es por ello, que dicho general de división decidió enviar emisarios ante los rebeldes independentistas para conocer sus intenciones, empero, al tardarse la respuesta de los revolucionarios, pidió la mediación del cónsul francés en Santo Domingo, Saint Denys, para lograr una capitulación honrosa.

En esta tesitura (Saint Denys 1996) afirmaba que:

…el General Desgrotte comandante de la plaza de Santo Domingo…se dedicó enviar un parlamentario a los insurgentes, de quienes ignoraba el número y cuáles eran sus proyectos. No augurando nada bueno del retraso que daban a la respuesta solicitada y poco confiado del éxito de una defensa desesperada, inútil e imposible, sobre todo con el débil grupo de soldados que todavía era fiel a la bandera haitiana…recibí del General Desgrotte la carta que…Autorizado por él a inicial una capitulación honorable, informé a los miembros de la Junta que disponía de consideraciones y respetuosas deferencias para la representación de Francia (20-21 y 22).

En el transcurso del miércoles 28 de febrero, los comisionados de ambas partes, acordaron la desocupación de Fuerza y el arsenal y la posterior entrega de las armas de los soldados haitianos, al cónsul francés de Saint Denys, a las 08:00 horas del jueves 29 de febrero de 1844. Por lo tanto, la desocupación del Fuerte, el arsenal y la entrega del armamento se realizó de forma meticulosa; embarcándose las autoridades y las tropas haitianas hacia Jacmel, tan pronto se agotó dicho protocolo de capitulación.

Empero, una amenaza personificada en el batallón africano obstaculizaba el triunfo definitivo del esfuerzo independentista; puesto que cerraba la afluencia de refuerzos desde la región Este principalmente desde San José de los Llanos, y El Seibo. No obstante, debido a la ascendencia que tenía el coronel José J. Puello sobre estas milicias negras, se logró domeñar con éxito la actitud reacia del coronel Esteban Pou, comandante de dicha unidad militar.

Cónsono con lo antes expuesto, (Madiou 2024) aducía que:

El mismo día 29 de febrero, mientras que se publicaba el manifiesto don J. Bobadilla y Jimenes volvieron a Santo Domingo y anunciaron que las milicias de los Llanos no habían llegado porque el batallón africano instalado en el Ingenio Frías, les cortaba el paso…El batallón africano, por su parte había ido a Pajarito y recibió la misma orden, pero se mostraba indeciso porque no confiaba en el movimiento de separación que acababa de triunfar. Temían los prejuicios sobre el color que albergaban las autoridades negras de Haití. Joaquín Puello le dijo al suboficial de la plaza, Eusebio Puello: “Ve a Pajarito y dile al comandante Esteban Pou que, si en un momento no aparece con su batallón, yo mismo haré que entre en la ciudad con dos piezas de cañón”. Cuando Eusebio Puello llegó a Pajarito, vio dos capitanes del batallón africano a los que conocía y los convenció y enseguida a ver a Esteban Pou que se resistía entrar a la ciudad. Pero el capitán José de la Cruz, de la primera compañía, se embarcó con sus soldados…el capitán Santiago Basora de la Segunda Compañía, también se embarcó; el resto del batallón…se alineó en la Plaza de Armas a las órdenes de la Junta (439).

Retrotrayéndonos, a la madrugada del miércoles 28 de febrero, el comité revolucionario encabezado por Francisco R. Sánchez, se constituyó en Junta Central Gubernativa provisional, capeando el liderazgo trinitario la fase borrascosa de la insurrección. Sin embargo, tan pronto las autoridades haitianas desocuparon la ciudad de Santo Domingo, Sánchez le cedió la presidencia, de dicho gobierno colegiado, a Tomás Bobadilla, representante de la burguesía reaccionaria.

De acuerdo a lo externado, (Cassá 2016) aduce:

…se conformó la Junta Central Gubernativa como órgano provisional. Se colocó en su presidencia a Sánchez, jefe del comité revolucionario de los «filorios», quien a las veinticuatro horas cedió el puesto a Bobadilla en ausencia de este. Para Galván, que todo el tiempo estuvo al lado de Sánchez, este pecó de ingenuo por estar embargado de júbilo (pág. 193).

En conclusión, la desacertada decisión tomada por Sánchez de entregar el mando de la Junta Central Gubernativa, a la oligarquía reaccionaria personificada en Bobadilla, condenó a los independentistas trinitario al desplazamiento paulatino y posteriormente a su obliteración como ente político. De lo que se desprende que el exilio del patricio Juan P. Duarte hirió de muerte al partido de la independencia. Como posteriormente lo veremos en las ejecutorias tomadas por una Junta de Gobierno copada prontamente por el elemento afrancesado. Siendo sus frutos inmediatos, la inefable y pérfida nota del 8 de marzo de 1844 y la posterior designación del afrancesado, e inepto, general Pedro Santana como comandante en jefe del ejército expedicionario del Sur.

Autor: Lic. Juan Carlos Pérez Montero, M.A.

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