19 de abril de 2026

Las tres fases de la masacre de Palma Sola

El viernes 28 de diciembre de 1962, a ocho dias del triunfo aplastante alcanzado por el profesor Juan Bosch en el certamen electoral del 20 de diciembre, se produjo el asesinato indiscriminado de campesinos seguidores del olivorismo en la remota aldea de Palma Sola, en la provincia de San Juan.

Este crimen horrendo fue ejecutado en tres fases, que consistieron, primero, en el despliegue de las unidades policiales antimotines de los Cascos Blancos las cuales crearon las condiciones que generaron el desastre; en la segunda fase, entraron en acción los soldados de la Tercera Brigada, apostados en Elías Piña y Pedro Santana, los cuales se abocaron en las labores de exterminio y destrucción; y por último la tercera fase, fue iniciada, en la tarde de ese infausto día, por aviones despegados de la base aérea de Barahona, los cuales ametrallaron y bombardearon con napalm a los seguidores del Dios Liborio que habían escapado a las fases iniciales de la matanza.

Sembrando esta razia aérea, las colinas que dominaban el santuario de Palma Sola de decenas de cadáveres insepultos. Con la salvedad, de que esta labor de exterminio fue supervisada, en el terreno, por los asesores militares estadounidenses acantonados en el país.

Este holocausto, que se saldó con centenares de muertos y heridos, tenía la impronta del gobierno colegiado del Consejo de Estado. Administración que respondía a los intereses geopolíticos, políticos y económicos, de los cuatro poderes facticos, que gravitaban en el país; los cuales estaban conformados por: el gobierno estadounidense, la burguesía industrial, latifundista y mercantil, la iglesia católica y el estamento militar. Sectores de poder, que posteriormente trazarían el derrotero que seguiría el país en pos de sus objetivos corporativos.

Sin embargo, a pesar de que el movimiento mesiánico dirigido por el mellizo Plinio Ventura Rodríguez, no se inmiscuyó con ninguno de los bandos políticos que se disputaban, en ese momento, el poder. Afectaba los intereses económicos de la oligarquía terrateniente y comercial sanjuanera a las que les drenaba mano de obra barata, debido a que los campesinos depauperados se pasaban varios días en el santuario de Palma Sola; al mismo tiempo, golpeaba a la iglesia católica, la cual, estaba perdiendo influencia entre la feligresía campesina en toda la Región Suroeste.

Sin obviar, la paranoia que sentían los estadounidenses por las multitudes de campesinos misérrimos que arrastraba el culto olivorista, temiendo estos el brote de un foco revolucionario similar a lo ocurrido en Cuba, en 1956.

Cónsono con lo ante expuesto, el reputado historiador Roberto Cassá afirma que:
«Esta registrado que desde meses atrás agregados del Pentágono estudiaban lo que sucedía en Palma Sola por el temor de que pudiese degenerar en una acción guerrillera de tipo castrista. En aquel momento los servicios de información de Estados Unidos se revelaban incapacitados para entender lo que sucedía en el país, prueba de lo cual era haber proyectado una potencialidad de izquierda revolucionaria a los campesinos liboristas por el solo hecho de ser pobres y haber desplegado un movimiento fuera de los cauces admitidos por el sistema
«

Lo que convirtió a los adoradores del Dios Liborio en una amenaza a los poderes facticos, determinando estos su obliteración a sangre y fuego.

Sin embargo, Cassá asevera en su libro “La palabra de Dios que:
“…la dirigencia del Consejo de Estado procuró que el desmantelamiento de Palma Sola se hiciese sin derramamiento de sangre…la violencia estalló por la combinación abusiva con que llegaron policías y militares y la determinación de los jefes palmasolistas de no ser expulsados de la aldea sagrada.

Tal como decía San Bernardo de Claraval, “el infierno está lleno de buenas intenciones”. Sin embargo, las unidades policiales y militares, que llegaron a Palma Sola con instrucciones y acompañados de asesores militares estadounidenses, estaban bajo el mando del Consejo de Estado. Incluso, la Policía Nacional Dominicana, institución que desató las furias en la aldea santuario, estaba bajo la influencia directa de uno de los integrantes de este ente corporativo, el general Antonio Imbert Barrera. Por consiguiente, las ordenes de eliminación y destrucción partieron de miembros connotados de dicho gobierno colegiado.

La erradicación del culto liborista en Palma Sola trajo consigo la eliminación del general Miguel Rodríguez Reyes, el probable candidato del presidente electo Bosch para la secretaria de las Fuerzas Armadas. Por ende, el genocidio de Palma Sola dio inicio a la conspiración golpista en contra del gobierno que tomaría la dirección del país, el 27 de febrero de 1963; a ocho días de haber obtenido el triunfo en las urnas. Derrocándose dicha administración de corte popular, el 25 de septiembre del año en cuestión, a siete meses de haber tomado las riendas del poder.

Como hemos dicho, la responsabilidad de desalojar la aldea santuario fue puesta “…en manos del general Antonio Imbert Barrera, consejero encargado de asuntos militares3”. Quien delegó el cumplimiento de dicha orden en la figura del jefe de la Policía Nacional, general Belisario Peguero Guerrero. Quien dictaminó que dicha operación fuera cumplida por la unidad contra disturbios, Cascos Blancos, comandada por el mayor Francisco A. Caamaño.

La operación, fue pautada de forma aviesa, para el día viernes 28 de diciembre 1962. Uno de los días donde había mayor concurrencia en la aldea, puesto que, los “…dias de mayor movimiento en esa localidad, martes y viernes, se reunían cerca de tres mil personas4”. Por lo visto, se tomó uno de los dias de mayor asistencia de devotos, donde el riesgo de que se produjera un desastre era harto eminente. Agravando esta situación, la negativa del mellizo Plinio Ventura Rodríguez, líder de la liborista “Unión Cristiana Mundial”, a desalojar dicha aldea santuario.

Por consiguiente, la primera fase de la operación de desalojo y destrucción del poblado de Palma Sola, se inició con el despliegue, en horas de la madrugada, de un convoy de cinco camiones, donde se transportaban cincuenta efectivos de los Cascos Blancos, los cuales llegaron al municipio de San Juan de la Maguana en horas de la mañana del día 28 de diciembre. En momentos en que la comisión encabezada por el Procurador general de la República, Antonio García Vásquez y el inspector de las FF.AA. general Miguel Rodríguez Reyes, se reunía con los líderes de la burguesía comercial y terrateniente de la provincia de San Juan, los cuales amenazaban con irse a una huelga, si el culto olivorista no era erradicado.

Empero, el dispositivo policial, para desalojar Palma Sola, adolecía de taras de organización que presagiaban la hecatombe. Siendo estos errores de planeamiento los siguientes: primero, se decidió proyectar sobre la aldea-santuario cincuenta policías, Cascos Blancos, donde presumiblemente había aglutinados tres mil devotos exaltados; segundo, este contingente policial se mantuvo en la entrada del poblado, sin una orden de operaciones que dictaminara su actuación en el desalojo de la aldea y previera contingencias, como la resistencia violenta de los fanáticos liboristas; tercero, no se tendió sobre Palma Sola un dispositivo de cerco, que controlara la entradas y salidas de dicha aldea; cuarto, el mando jerárquico de la operación se adentró en el poblado de forma temeraria, vulnerando su seguridad y propiciando el desastre.

En consecuencia, a pocos minutos de reunirse el general Miguel Rodríguez Reyes y el Procurador General de la República, Antonio García Vásquez, con Plinio Ventura Rodríguez, se generó un confuso incidente que se saldó con la muerte del general Rodríguez Reyes; resultando heridos, en el acto, el entonces mayor Francisco A. Caamaño P.N., comandante de los Cascos Blancos, y el capitán Rafael Guzmán Acosta P.N. este incidente, fue la excusa perfecta para comenzar la matanza indiscriminada de los feligreses olivoristas.

La segunda fase se inició con la llegada del contingente del ejército acompañados por asesores militares estadounidenses, generalizándose, a toda regla, las labores de exterminio y destrucción, que consistieron: en perseguir y asesinar a los campesinos que huían, en quemar los bohíos con los heridos adentro y fusilar a mansalva a los devotos que tomaban prisioneros.

En este tenor, Hamlet Hermann relataba que:
…las tropas del Ejército Nacional comandadas por el coronel Manuel Pagán Montás, con órdenes precisas de la jefatura de gobierno de hacer una operación limpieza en Palma Sola de manera que no quedaran vestigio alguno en aquel lugar… fueron acompañados por los agregados naval y de infantería de la Embajada de Estados Unidos en el país, tenientes coroneles Bevan Cass y Luther (Fritz) Long…

Por último, la tercera fase, se extendió toda la tarde del infausto viernes 28 de diciembre y consistió en razias aéreas, realizadas, desde la base de Barahona, por cuadrillas de aviones P-51 Mustang y AT-6. Los cuales ametrallaron y bombardearon con Napalm a los religiosos olivoristas que habían buscado refugio en las colinas que circunvalaban la aldea destruida. En esta tesitura Luis Francisco Lizardo aducía que “…dos aviones de la Fuerza Aérea Dominicana arrojaban gasolina gelatinosa que producía grandes incendios6”. Cuando Lizardo se refiere al uso de gasolina gelatinosa, alude al uso de bombas incendiarias de napalm, en la otrora aldea-santuario. Empleándose en Palma Sola, contra campesinos desarmados, por primera vez “…las tácticas de las Fuerza Aérea de los Estados Unidos se pusieron en juego para mantener un gobierno amigo…7”. Así rezaba un despacho de Prensa Asociada, citado por Cassá en su libro “La palabra de Dios”, al referirse a las incursiones aéreas llevadas a cabo sobre los cielos de Palma Sola.

Lo que evidencia, que los poderes facticos habían planeado la destrucción a sangre y fuego de dicha aldea-santuario, resultando, como hemos visto, el asesinato del general Miguel Rodríguez Reyes E.N., el acicate perfecto.

En conclusión, el genocidio de Palma Sola resultó en una jugada maestra para la oligarquía dominicana y sus mandantes foráneos, puesto que eliminó dos escollos de un solo golpe: al propiciar el asesinato de un trujillista recalcitrante de la altura del general Rodríguez Reyes y probable aliado, de su rival político, el presidente electo Juan Bosch; y al mismo tiempo, escarmentar, de forma inmisericorde y vesánica, al campesinado paupérrimo del Suroeste, que en pos de subsanar su miseria y su secular exclusión social corrió a los brazos del misticismo liborista; afectando, con dicha acción, los intereses geopolíticos, económicos y políticos de la clase dominante.

Autor: Lic. Juan Carlos Pérez Montero MA.

Puedes acceder al articulo original en ESTE LINK

Please follow and like us:@cumbrenews

About Author

Suscribete a Nuestra Pagina