19 de abril de 2026

El 99% infartos y ACV dan señales de alerta: los cuatro factores de riesgo que se deben vigilar

Un estudio internacional concluyó que identificar y controlar estos indicadores permite anticipar la mayoría de los casos y fortalece las estrategias de prevención.

INFOBAE. Los ataques cardíacos y los accidentes cerebrovasculares (ACV) rara vez ocurren de forma inesperada. Un reciente estudio internacional, publicado en el Journal of the American College of Cardiology, revela que el 99% de las personas que sufren estos eventos ya presentaban factores de riesgo previos que podrían haberse tratado.

Esta investigación analizó más de 9 millones de historias clínicas, derribando el mito de que estos episodios son siempre «súbitos» o sin causa aparente. Según el cardiólogo Philip Greenland, autor principal del trabajo, casi todos los pacientes tenían condiciones previas identificables.

Los cuatro factores que predicen un evento

El daño en las arterias comienza muchos años antes de que aparezcan los primeros síntomas. Los expertos señalan que existen cuatro señales de alarma tradicionales que están presentes en la gran mayoría de los casos: presión arterial elevada, colesterol alto, niveles alterados de glucosa y el hábito de fumar.

Incluso en niveles que no se consideran críticamente altos, estos factores ya indican un peligro latente. Por ejemplo, tener una presión arterial de 120/80 mmHg o un colesterol total por encima de 200 mg/dL ya sitúa a la persona en una zona de riesgo que requiere atención.

La hipertensión: el principal enemigo silencioso

Entre todos los indicadores, la hipertensión arterial es el más frecuente, presentándose en más del 93% de quienes sufren un infarto o un ACV. Lo más preocupante es la falta de control: en países como Argentina, se estima que de 12,1 millones de personas con hipertensión, solo dos millones mantienen un tratamiento adecuado.

El médico Juan Pablo Costabel, jefe de la Unidad Coronaria del ICBA, advierte que cuando un paciente parece no tener factores de riesgo al momento del infarto, lo que suele ocurrir es que el riesgo no fue reconocido previamente. Años de valores subóptimos de glucosa o presión generan un daño acumulativo en las arterias.

El especialista agregó: “Este hallazgo no es una simple asociación estadística, sino la expresión de una relación fisiopatológica sólida y bien establecida entre estos factores y el daño vascular”.

El equipo liderado por Greenland y Hokyo Lee de la Universidad de Yonsei detectó que valores no óptimos en uno o más de estos marcadores suelen preceder al diagnóstico, a veces años antes del primer episodio. Incluso en mujeres menores de 60 años, más del 95% de los casos presentó al menos uno de estos factores.

La hipertensión arterial fue el factor más frecuente: más del 93% de quienes sufrieron infarto, ACV o insuficiencia cardíaca ya tenía presión elevada.

Claves para una prevención efectiva

Aunque existe un grupo minoritario de casos vinculados a la genética o trastornos de coagulación, la gran mayoría de las muertes cardiovasculares son evitables. La clave reside en la prevención primaria y en adoptar hábitos que protejan el sistema vascular.

La Asociación Americana del Corazón sugiere seguir «las 8 reglas esenciales»: no fumar, realizar actividad física regular, dormir entre siete y nueve horas, y mantener una dieta saludable como la mediterránea. Realizar chequeos médicos periódicos es la herramienta más sólida para anticiparse al daño y salvar vidas.

El impacto positivo de estas pautas es evidente: sin embargo, solo el 4% de los participantes en casi 500 estudios recientes cumplía todos los criterios ideales de salud cardiovascular.

Detectar eventos cardiovasculares sin factores de riesgo es excepcional. “Es cierto que existe un pequeño grupo de personas que puede padecer eventos cardiovasculares sin haber presentado ninguno de estos factores de riesgo clásicos -sostuvo Costabel-.

Estos casos obligan a buscar factores no convencionales, entre los cuales la genética ocupa un lugar central, así como alteraciones inflamatorias, trastornos de la coagulación u otras condiciones menos frecuentes. Sin embargo, estos escenarios representan una minoría y no invalidan el papel dominante de los factores tradicionales en la población general”.

El síndrome metabólico expone a una parte considerable de la población mundial a un peligro sostenido. La probabilidad de desarrollar una enfermedad cardiovascular aumenta con la cantidad de marcadores presentes.

Los especialistas coinciden: reforzar la prevención y los controles médicos periódicos es la base más sólida para reducir la primera causa de muerte en la región. El avance en salud cardiovascular dependerá de la capacidad colectiva de anticiparse y actuar antes de que los problemas se manifiesten.

Cuando un paciente parece ‘no tener factores de riesgo’ al momento del evento, lo que suele faltar no es el riesgo, sino su reconocimiento previo: años de presión, colesterol o glucosa en rangos subóptimos que fueron suficientes para producir daño acumulativo”, advirtió Costabel.

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