19 de abril de 2026

Puertas de Santo Domingo Este

Wilfredo Mora García, Antropólogo.

Por Wilfredo Mora

El 16 de octubre de 2001, oficialmente y mediante la división del antiguo Distrito Nacional, se crea la provincia Santo Domingo, con nuevos límites municipales: al norte, el municipio de Santo Domingo Norte; al sur, el mar Caribe; al este, el municipio de Bayaguana, y la provincia de San Pedro de Macorís; y al oeste, el río Ozama.

No es una “ciudad letrada”, es decir, no se ha escrito aún la historia de la ciudad; los historiadores no han sido convocados a esta tarea. Aunque el municipio es nuevo (2001), la zona tiene mucha historia previa, porque desde la época colonial ya existían asentamientos al otro lado del río Ozama, frente a la Ciudad Colonial de Santo Domingo.

Sobre el río Ozama hay una cuestión de importancia: es un privilegio para la ciudad estar atravesada por un río caudaloso. Las grandes ciudades del mundo occidental, son encantadoras, justamente, por eso y por las puertas de entrada a la ciudad.

A diferencia de Santo Domingo, que fue una ciudad amurallada, y de hecho es uno de los mejores ejemplos de urbanismo colonial en América, la entrada al municipio de Santo Domingo no representan una “ciudad colonial” con una “puerta histórica única”, sino un lugar con varias entradas principales, muy claras y simbólicas. Les sirven de conexión continua, para puentes y autopistas.

En muchas ciudades antiguas, las murallas protegían a la población, y las puertas eran los únicos puntos de acceso. Con el tiempo, algunas se volvieron símbolos icónicos incluso cuando las murallas desaparecieron.

He conocido algunas puertas de ciudades europeas. Por ejemplo, el Arco de Triunfo, en París, aunque no es una “puerta” funcional, simboliza la entrada monumental a París y celebra las victorias de Napoleón Bonaparte; recuerdan la Francia que cayó ante el ejército Alemán, un 14 de junio de 1940, cuando las tropas alemanas entraron en París (sin gran resistencia).

La Puerta de Brandeburgo, uno de los símbolos más importantes de Berlín y de la reunificación alemana tras la Guerra Fría; la Puerta de la India, construida durante el dominio británico, era el punto ceremonial de llegada de autoridades; la Puerta de Alcalá, una de las cinco antiguas puertas reales que daban acceso a Madrid. O, la Bab Bou Jeloud, una espectacular puerta azul que da entrada a la medina histórica. Y la Puerta de Tiananmén, símbolo de la Ciudad Prohibida, centro del poder político chino.

La importancia histórica de la puerta de una ciudad es que se prepara para adoptar un carácter permanente. En el caso del municipio de Santo Domingo Este, se destaca su cercanía con el río Ozama, donde existe una Fortaleza, que fue una de las construcciones militares más antiguas de América.

Así, pues, es un hecho, a medida que pase el tiempo, los símbolos icónicos que dieron su origen no deben desaparecer. Las puertas de la ciudad deben mostrar defensa, comercio y prestigio. Pero también anticipan a los habitantes que viven allí dentro.

En la actualidad, muchas ciudades modernas ya no tienen murallas, pero mantienen estas puertas como monumentos históricos o crean nuevas “entradas” simbólicas (aeropuertos, estaciones, avenidas principales).

La cuestión es que el municipio de Santo Domingo Este no tiene las puertas correctas. Así como se ven, no representa a la ciudad, sus valores y su historia, su cultura. Debe servir como “testigo del tiempo”, de sus habitantes y de sus visitantes.

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