30 de mayo de 2026

Dominicanos en el exterior: extensión viva de la nación

Abogado Máximo Calzado Reyes.

Por Máximo Calzado Reyes

La República Dominicana no termina en sus fronteras geográficas. Se proyecta, se multiplica y respira en cada dominicano que, lejos del territorio, sigue afirmando su identidad con la misma intensidad con la que pronuncia el nombre de su patria.

Según el más reciente informe del Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exterior (Index), para el año 2025 la diáspora dominicana, alcanza cifras de 2,874,124 dominicanos, que reflejan no solo movilidad humana, sino la consolidación de una comunidad transnacional con incidencia real en múltiples dimensiones del desarrollo nacional.

En el ámbito económico, en los meses de enero y febrero del presente años las remesas enviadas por nuestros compatriotas fueron de US$1,870 millones de dólares, para un aumento interanual de 1.0%, en este año a pesar de la situación adversa por la crisis internacional entre Estados Unidos e Irán, se proyecta que este año las remesas se mantengan cerca de lo que ingresó en el año 2025.

Segundo, en el ámbito económico, el peso de la diáspora es estructural. Las remesas no son un fenómeno accesorio: constituyen uno de los pilares de la estabilidad macroeconómica. Entre 2010 y 2025, según datos del Banco Central, los dominicanos en el exterior han enviado aproximadamente US$108,589.2 millones de dólares. Esa cifra no solo es elevada; es determinante. Impacta el consumo interno, fortalece la liquidez de los hogares, amortigua los efectos de crisis externas y contribuye a la estabilidad del tipo de cambio.

Desde una perspectiva de política pública, esto impone una obligación clara. El Estado no puede limitarse a reconocer el aporte; debe institucionalizar su relación con la diáspora. Esto implica diseñar políticas de protección consular, facilitar la inversión productiva de las remesas, generar instrumentos de ahorro e inversión dirigidos a dominicanos en el exterior, garantizar servicios administrativos eficientes y ampliar los mecanismos de participación política. No es retórica: es rediseño institucional.

En síntesis, la diáspora dominicana, es una extensión orgánica de la nación. Sostiene la economía, proyecta la cultura y participa en la política. Hay, por tanto, una deuda estructural con sus ciudadanos en el exterior. No una deuda simbólica, se necesitan respuestas concretas. Cada dominicano se convierte, consciente o no, en embajador.

Ya no basta el reconocimiento, llegó la hora de traducir ese orgullo nacional en políticas públicas efectivas. El país tiene la responsabilidad de responder con justicia social, institucionalidad, inclusión y reciprocidad.

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