21 de abril de 2026

Papa León XIV: Al que lleva la vida rápido

El papa León XIV mientras oficiaba este jueves su primera misa del año.

EFE, Ciudad del Vaticano. El papa León XIV deplora que existan personas que andan rápido por la vida, sin tiempo siquiera para mirar al que tienen a su lado y mucho menos para preocuparse por sus condiciones materiales de vida.

Lamenta el pontífice que eso les imposibilite ver el sufrimiento de los demás, al vivir inmersos en la cultura de lo rápido, de lo inmediato.

Sucede que la velocidad parece haberse convertido en el nuevo dios de los seres humanos, no importa su extracción social ni su profesión, mucho menos la categoría que ocupan en las estructuras de las empresas para las que trabajan.

En un mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará en febrero en Chiclayo (Perú), el santo padre advierte que este modo de vida: “Nos impide acercarnos y detenernos en el camino para mirar las necesidades y los sufrimientos a nuestro alrededor”.

La urgencia rige las actividades cotidianas, hay que llegar temprano a todas partes, lo que implica amontonarse en las paradas de transporte público, pugnar para montarse y, llegados al trabajo, todo cuanto se elabora “era para ayer”, lo que convierte al retraso en un pecado imperdonable…

Para superar esta realidad son necesarios, añade el papa: “No meros gestos de filantropía, sino signos en los que se puede percibir que la participación personal en los sufrimientos del otro implica el darse a sí mismo, supone ir más allá de cubrir necesidades”.

Se necesitan acciones realizadas “sin interés personal ni recompensa, sino como manifestación de un amor que trasciende las normas rituales y se traduce en un culto auténtico: servir al prójimo es amar a Dios en la práctica”.

De ahí que coincidimos con el sumo pontífice en este llamado de atención al mundo, en el que expresa este deseo: “Que no falte nunca en nuestro estilo de vida cristiana esta dimensión fraterna, ‘samaritana’, incluyente, valiente, comprometida y solidaria que tiene su raíz más íntima en nuestra unión con Dios”.

Detenerse un momento para mirar alrededor, observar el sufrimiento ajeno y ayudar en lo posible a los demás, seguramente servirá para multiplicar la solidaridad y superar la indiferencia.

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