Operación Power Pack, 28 de abril de 1965
A raíz de la derrota sufrida por la infantería mecanizada del conjunto CEFA-San Isidro, la Junta militar leal, instaurada por recomendación de los agregados militares norteamericanos, pidió ayuda militar ilimitada a los Estados Unidos. Por ende, el presidente estadounidense Lyndon B. Johnson, ordenó la tercera intervención militar estadounidense a la República Dominicana. Activándose la Operación Power Pack, a las 18:00 horas del miércoles 28 de abril de 1965, con el desembarco de 536 marines. Los cuales, se posicionaron en las inmediaciones del Hotel Embajador y la Embajada de Estados Unidos. Siendo reforzado dicho contingente, con más de mil infantes de marina que desembarcaron, el jueves 29 de abril, de los buques de la marina estadounidense, USS NAVY apostados en el puerto de Haina.
Sin embargo, minutos antes de las 02:30 horas del viernes 30 de abril, la Fuerza Aérea de Estado Unidos, USAF, dio inicio a un desembarco aéreo masivo en la República Dominicana. Poniendo en tierra en la Base Aérea de San Isidro, en un interregno de 14 días, a más de 14,000 paracaidistas de la 82da. División Aerotransportada e ingentes cantidades de equipos y suministros. Aterrizando en San Isidro un avión de carga y transporte militar cada 5 minutos.
Siendo designado comandante de esta masiva operación militar, el teniente general del Ejército de EE.UU., Bruce Palmer. La aplastante superioridad militar estadounidense salvó a las alicaídas tropas de San Isidro de una derrota total. En consecuencia, el primer objetivo de los estrategas estadounidense fue separar al nacionalismo constitucionalista de la base popular que sustentaba su esfuerzo de guerra. Es por ello, que el lunes 3 mayo, después de un ataque en pinza, efectuado por los paracaidistas y los infantes de marina estadounidenses, se trazó una línea de fuego y acero que escindió los barrios populares de la zona norte del alto mando nacionalista-constitucionalista, acantonado en el centro de la ciudad de Santo Domingo. Acorralando a los oficiales nacionalistas entre las líneas norteamericanas y el Mar Caribe. Por ende, el segundo objetivo del plan militar estadounidense, se centró en la eliminación sistemática de los combatientes constitucionalistas. Enfocando la primera fase de dicho objetivo, en la erradicación de los comandos nacionalistas de los barrios populares enclavados en la parte norte de Santo Domingo. Para ello, el alto mando norteamericano planificó la nefasta operación limpieza de los barrios de la parte alta.
La derrota sufrida por los batallones, de la infantería mecanizada, del conjunto CEFA-San Isidro, en los combates por el control del cuadrante Puente Duarte- Avenida Duarte, sumió a oficiales y soldados leales en un marasmo ofensivo, que avizoraba el fin inminente de la poderosa facción militar dirigida por el general Elías Wessin y Wessin, representada por la Junta militar presidida por el coronel Bartolomé Benoit FAD. En consecuencia, la baja moral de las tropas del Conjunto, colocaba al esfuerzo de guerra de los oficiales constitucionalistas a un tris de la victoria total.
Sin embargo, Washington no iba a permitir que triunfara la vuelta a la constitucionalidad sin elecciones, puesto que le desagradaba el regreso al poder del presidente Juan Bosch. E iba a impedir, por todos sus medios, que dicho político regresara a la República Dominicana, a terminar su periodo presidencial.
Tal como lo evidencia, William B. Connett, encargado de negocios de la embajada norteamericana en Santo Domingo, en un cable enviado a sus superiores en Washington:
Todos los miembros del equipo del país sienten el retorno de Bosch y la reasunción del control del gobierno está contra los intereses de los Estados Unidos en vista de extremistas en el golpe y del apoyo comunista al regreso de Bosch (Grimaldi 2000, 103). Grimaldi, Victor. Golpe y revolución: el derrocamiento de Juan Bosch y la intervención norteamericana . Santo Domingo: Editora Corripio, 2000.
No obstante, para evitar el regreso de Bosch al poder, se hacía harto necesario derrotar militarmente a los combatientes constitucionalistas. Para ello, la Junta de Benoit había pedido apoyo militar ilimitado a los Estados Unidos. Lo que fue refrendado por el presidente estadounidense Johnson quien autorizó, en la tarde del miércoles 28 de abril, el desembarco de “…536 infantes de Marina que…no tomaron parte en la lucha. Se limitaron a tomar posiciones alrededor de la Embajada norteamericana y en la zona en torno al hotel Embajador, lejos de las zonas de combate (Gleijeses 2012, 414)”. Sin embargo, esta acción no levantó el ímpetu combativo de las tropas del Conjunto, las cuales estaban convertidas en una nulidad militar e inficionadas por el abatimiento moral y las deserciones.
Como lo atestigua una comunicación enviada, el jueves 29 de abril de 1965, por la Embajada al presidente estadounidense Lyndon B. Johnson:
Las tropas de la junta no han actuado contra los rebeldes por la ineptitud, ineficiencia y falta de decisión de sus jefes (…) Durante estos últimos tres días Wessin no ha hecho prácticamente nada, pero ahora se queja de que sus tanques tienen problemas mecánicos y sus soldados están exhaustos. Los otros jefes militares tienen la misma actitud. (…) Nuestro agregado militar regresó hace poco de San Isidro…Informa que encontró ahí a todos los jefes peleándose entre ellos sobre lo que había que hacer (…) sus soldados tienen una moral muy baja y nuestros agregados están seguros de que unos cuantos desertarán esta noche. La pasividad y la falta de decisión han caracterizado a la mayoría de los jefes militares de la junta durante esta crisis (…) Francamente creo que piensan (…) que ahora pueden quedarse tranquilos y dejar que nosotros hagamos el trabajo para ellos… (Gleijeses 2012, 416-417).
En la tarde, del jueves 29 de abril, desembarcaron “…los restantes infantes de Marina que permanecían a bordo de la Fuerza de Tarea (1166 Hombres); no debían, sin embargo, intervenir en la zona de combate (Gleijeses 2012, 418)”. Este contingente se sumó a los infantes de Marina que fueron desembarcados el 28 de abril y que resguardaban el Hotel Embajador y la Embajada de los Estados Unidos.
Gleijeses, Piero. La esperanza desgarrada: la rebelión dominicana de 1965 y la invasión norteamericana. Santo Domingo: Editora Búho, 2012.
En la madrugada del viernes 30 de abril, la USAF inició un desembarco aéreo masivo en la República Dominicana, utilizando la Base Aérea de San Isidro como cabeza de puente para el arribo de los paracaidistas de la 82ª División Aerotransportada.
En esta tesitura (Greenberg 2003) afirma que:
Justamente antes de las 02 :00 del 30 de abril de 1965 dos batallones de paracaidistas de la Tercera Brigada, 82da. División Aerotransportada, bajo el mando del mayor general Robert York, aterrizaron en el aeropuerto de San Isidro…Es así como se convirtió en el lugar que contaba con más presencia militar norteamericana fuera de Estados Unidos. Durante los próximos 14 días, la aviación dedicó todos sus aparatos de transporte. Que no estaban involucrados en el sudoeste de Asia, hacia República Dominicana. Aterrizando un avión cada cinco minutos, la Fuerza Aérea transportó a 14,600 soldados y casi 30 millones de libras de equipos y avituallamiento de emergencia en la isla, en más de 1500 salidas (pág.99-101). Greenberg, Mayor Lawrence. La intervención de 1965: vista por los militares estadounidenses, Eduardo Sosa comp. Santo Domingo: Editora Collado, 2003.
Siendo designado por Washington como comandante, de todas las tropas norteamericanas desembarcadas en Santo Domingo, el teniente general Bruce Palmer, considerado en Estados Unidos como el mejor general del Pentágono. En este tenor (Simmons 2003) documenta que: el “…teniente general del Ejército de USA, Bruce Palmer, llegó a San Isidro en la mañana del primero de mayo y al mismo tiempo, con la segunda brigada, tomó el mando de todas las fuerzas terrestres estadounidense (pág. 94)”.
Simmons, general®Edwin H. «Desembarcan los marines» en La intervención de 1965 vista por los militares estadounidenses, Eduardo Sosa comp. Santo Domingo: Editora Collado, 2003.
En la mañana del viernes 30 de abril, los combatientes constitucionalistas asumieron la iniciativa y tomaron, tras un sangriento combate, la Fortaleza Ozama. Sede de la unidad contra motines Cascos Blancos y provista de un enorme arsenal de armas y municiones. Tras esta victoria, el alto mando constitucionalista, trazó como próximos objetivos, el asalto al Palacio de la Policía y los cuarteles de Intendencia y Transportación del Ejército. Unidades hostiles enclavadas en el costado del territorio constitucionalista.
La toma de la fortaleza Ozama por parte de los combatientes constitucionalistas, fue respondida por los paracaidistas norteamericanos ocupando el perímetro que dominaba el flanco oriental del puente Duarte. Tomando posiciones de fuego en Sans Soucí y los silos de Molinos Dominicanos. Asaltando, posteriormente, el flanco occidental del puente Duarte, apoyados por el fuego de ametralladoras, bazucas y cañones sin retroceso de 106 mm; desalojando, después de un intenso combate, a los soldados constitucionalistas atrincherados en la zona. En consecuencia, los combatientes constitucionalistas, devinieron en soldados nacionalistas en el momento en que se enfrentaron al colosal poder de fuego de los soldados usamericanos que, en ese momento, hollaban la patria de Duarte.
El ataque de los paracaidistas de 82ª División Aerotransportada es relatado por (Szulc 2014), de la manera siguiente:
Como la situación militar de la Junta empeoraba por momentos, los soldados de la 82ª División Aerotransportada entraron en acción, y en la práctica constituyeron un muro que impedía a los constitucionalistas cruzar el puente Duarte hasta el otro lado del río. Los paracaidistas capturaron el puente después de dura lucha. Luego siguieron adelante, con el fin de apoderarse de varias manzanas de casas en la orilla constitucionalista del río. Utilizando bazucas, cañones sin retroceso de 106 milímetros y ametralladoras, los paracaidistas consolidaron sus nuevas posiciones en un tiempo relativamente breve. Szulc, Tad. Diario de la Guerra de Abril. Santo Domingo: Editora Búho, 2014.
Lo antes relatado, por el periodista norteamericano Tad. Szulc, refuta lo aludido por el mayor general ® Ramiro Matos González, el cual afirmaba, de manera harto confusa, que las tropas mecanizadas del conjunto CEFA-San Isidro habían asegurado la orilla occidental del puente Duarte y que habían mantenido dichas posiciones.
Aduciendo el general en cuestión que:
Ya reorganizada la columna mixta (tanques e infantería) con la infantería se inicia de nuevo el avance y ya en el lado oeste del puente, en el objetivo previsto, se procedió a tomar posiciones para eventuales acciones. Así pasamos la noche en el objetivo que era la actual Plaza de la Trinitaria y ya para el 27 se encontraba y debidamente asegurada la cabeza del puente (Matos González 2002, 168). Matos González, Ramiro,. La batalla del puente en Guerra de Abril: inevitabilidad de la historia, Sócrates Suazo Ruiz comp. Santo Domingo: Edita Libros, 2002.
A tono, con lo expuesto por Szulc, y contradiciendo lo afirmado por Ramiro Matos el profesor estadounidense Piero Gleijeses afirma que:
El 30 de abril, los paracaidistas de la 82ª División Aerotransportada salieron de San Isidro hacia la capital. Atacando a los constitucionalistas, capturaron el Puente Duarte y procedieron a asegurar una zona de varias manzanas en torno a su acceso occidental, es decir, en terreno rebelde (Gleijeses 2012, 419).
Con estas aclaraciones queda desmentido el alegato de que la infantería motorizada del conjunto CEFA-San Isidro había asegurado el flanco occidental del puente Duarte. Esta acción militar recayó en la superioridad en hombres y poder de fuego de los paracaidistas estadounidenses.
Sobre el número de bajas que tuvieron los paracaidistas estadounidenses en los combates antes descritos (Szulc 2014) documenta que:
Cuatro paracaidistas resultaron heridos durante los combates en la zona del puente; fueron las primeras bajas norteamericanas en este conflicto. El volumen de las bajas entre los constitucionalistas y la población civil del sector central de Santo Domingo, densamente habitado, no es conocido. Pero los soldados norteamericanos tenían una potencia de fuego superior y devastadora (pág. 117).
En el oeste de la ciudad de Santo Domingo, regimientos de la infantería de marina estadounidense, avanzaron desde su emplazamiento en el hotel Embajador hasta la embajada de los Estados Unidos. Según la propaganda estadounidense dichos regimientos estaban trazando la Zona de Seguridad Internacional, ZSI, sin embargo, los Batallones de Infantería de Tareas, BIT, en coordinación con los paracaidistas que atacaban desde el este; buscaban cercar el grueso de los combatientes constitucionalistas en Ciudad Nueva y el casco colonial. Y separar el alto mando nacionalista-constitucionalista de los barrios populares de la zona norte, principales canteras de combatientes para el bando nacionalista. No obstante, los soldados de la infantería de marina fueron atacados fieramente por los francotiradores nacionalistas, apostados en los edificios colindantes.
En esta tesitura, (Szulc 2014) relataba que:
Al otro extremo de Santo Domingo, en la zona que los marines estaban ocupando para convertirla en zona internacional de seguridad, la situación era diferente. Allí la infantería de marina no luchaba con las fuerzas constitucionalistas regulares del coronel Caamaño. Por el contrario, tenía que vérselas con francotiradores irregulares. El primer soldado norteamericano muerto en Santo Domingo fue víctima de un tirador emboscado. Precedidos por carros de combate y grandes camiones blindados para transporte de tropas, destacamentos de infantería de marina se trasladaron desde la zona de concentración del hotel Embajador hasta la avenida Abraham Lincoln, una de las principales arterias norte-sur de la ciudad. Luego giraron a la derecha y entraron en la avenida Nicolás Pensón, donde está situada la embajada de los Estados Unidos (pág. 117).
Este esfuerzo táctico llevado a cabo por los paracaidistas y marines norteamericanos se ajustaba al primer objetivo operacional, de los estrategas militares usamericanos, el cual consistía en la división y acorralamiento del esfuerzo de guerra nacionalista-constitucionalista. Siendo el segundo objetivo de los planificadores norteamericanos, la destrucción paulatina de las posiciones nacionalistas-constitucionalistas acorraladas y, en su defecto, divididas.
En consecuencia, la segunda fase del plan de acorralamiento de los combatientes nacionalista-constitucionalistas se concluyó el lunes 3 de mayo de 1965, con un ataque masivo llevado a cabo por los paracaidistas de la 82ª División Aerotransportada, desde las inmediaciones del puente Duarte; y los infantes de Marina acantonados en el perímetro de la embajada de los Estados Unidos.
Esta acción ofensiva, consistente en dos columnas de ataque, logró separar el alto mando nacionalista-constitucionalista de los barrios populares de la parte alta de Santo Domingo, después de una enconada resistencia de los combatientes anti intervención. Acorralando el grueso del esfuerzo de guerra nacionalista, liderado por el coronel Francisco A. Caamaño entre la línea de fuego y acero estadounidense y las aguas del Mar Caribe.
Cónsono con lo antes expuesto, (Szulc 2014) relataba que:
La nueva fase se inició poco después de medianoche, cuando los paracaidistas de la 82ª Division Aerotransportada avanzaron desde sus posiciones situadas en el extremo del puente Duarte que daba a la ciudad y penetraron en esta para enlazar con los marines establecidos al otro lado de la población. Esto se hizo para abrir un corredor en dirección este-oeste que uniera la zona internacional de seguridad, guarnecida por la infantería de Marina, con el puente sobre el río Ozama. Pero también atravesaba la ciudad, dividiendo así en dos el territorio rebelde (pág. 151).
En consecuencia, “…se elevó a seis el número de soldados norteamericanos muertos en acción desde su llegada a Santo Domingo (Szulc 2014, 152)”. Sumándose a esta cifra de bajas las decenas de paracaidistas e infantes de marina que resultaron heridos en dichos combates.
En conclusión, el establecimiento de la Línea de Comunicación, LOC; y la Zona de Seguridad Internacional, ZSI, dividieron el territorio controlado por los nacionalistas-constitucionalistas en dos. Dándose por concluidas las operaciones de separación y acorralamiento. Para darle paso al segundo objetivo planteado, tendente a la destrucción del esfuerzo de guerra patriota. Siendo la operación limpieza de los barrios de la parte alta de Santo Domingo, la primera fase táctica, de dicho plan de obliteración de los combatientes del pueblo.
Autor: Lic. Juan Carlos Pérez Montero M.A.







